Cachicamos y focas

Andrés Sosa Pietri

Los recortes en la producción de petróleo del país: Uno de sus grandes logros, nos decía recientemente el presidente Chávez; uno de los hitos de sus primeros 200 días de gobierno. Nadie puede negar la influencia sobre los precios de las rebajas de marzo-abril, y sobre todo de su acatamiento estricto. Pero, ¿Es este, en realidad, un logro para Venezuela? Veamos:

Las reducciones voluntarias de la producción de petróleo las pocas veces que se han respetado, como las de ahora, como inicialmente las de 1986 repercutieron positivamente en los precios, pero sólo en un primer momento; en un plazo corto. Porque tan pronto suben los precios, se reaniman las inversiones; las empresas toman posiciones para captar cualquier aumento de la demanda. Crece, de este modo, la oferta y ésta, al desbordar la demanda, provoca nuevas caídas en los precios. Los de los recortes de la producción se encuentran, entonces, en el peor de los escenarios: Producción baja con precios a la baja.

Lo más preocupante: al comenzar la demanda a incrementarse, los productores de los recortes se encuentran de manos atadas. El mayor consumo, en consecuencia, es atendido por los independientes, por los que no entraron en los acuerdos de rebaja. Ello explica por qué Venezuela, habiendo tenido una cuota de mercado del 10% en 1970, apenas se conforme hoy con una precaria de 3,5%. ¡Y en un mercado que casi se ha duplicado entre 1970 y 1999!

Estamos entrando, nuevamente, en otro de los ciclos de crecimiento significativo de la demanda. Se estima que la adicional de este año, en lugar de los escasos 400.000 barriles diarios que se creía, será de 1.200.000 barriles y de 1.800.000 el venidero. Es esta, por cierto, la causa real y fundamental de las alzas tan sostenidas de los precios.

Y en ese mercado en expansión, que aumenta por razones estructurales (comportamiento de las principales economías de Asia, América del Norte y Europa), nosotros, una vez más, nos quedaremos 'con los ojos claros y sin vista'.

Dejaremos que sean otros los no amarrados a recortes quienes disfrutarán, como de costumbre, de precios altos con producción alta: el mejor de los escenarios que un productor puede desear. Si no, ¿Por qué creen ustedes que la facturación de Pdvsa casi no progresa? ¿Por qué, al contrario, las grandes del negocio han duplicado y algunas hasta triplicado su facturación en los últimos diez años? Aplicándonos nuestro dicho popular tan sabio, los venezolanos, con los recortes, somos 'cachicamos trabajando pa' lapa'.

Pero no sólo eso, 'cachicamos'. A los venezolanos, con lo de los recortes, nos encaja, como me recordaban unos amigos en días pasados, lo de ser también focas. Tenemos el agua al cuello y encima aplaudimos. Porque las rebajas de petróleo, que tanto alaban los del Gobierno y la gran mayoría de quienes nos gobernaron durante los 40 años anteriores, no nos acarrean sino más pobreza, tristeza y desolación.

Hemos insistido: No hay mejor programa social que la creación de empleo. No hay peor flagelo que el desempleo. Y los recortes nos traen eso, más desempleo, y con el desempleo, más pobreza, tristeza y desolación. Muchos, cuando afirmamos esto, ripostan: 'Qué dices? Fíjate que la tal apertura petrolera apenas si se notó en el empleo; y la industria del petróleo, por sí misma, no necesita abrir muchos puestos de trabajo para operar'. Es cierto que la industria petrolera absorbe poco trabajo en su seno; pero indirectamente, nada más incierto que no genera cientos de miles de empleos. La industria del petróleo, para funcionar, necesita hacer inversiones inmensas en bienes de capital y servicios. Y es allí en donde está el trabajo; en las industrias y demás empresas que fabrican los bienes y prestan los servicios; y en los proveedores de éstas, y en los de estas últimas; y así en una cadena casi interminable.

¡Claro! El efecto de la 'apertura' sobre el empleo casi no se vio en 1997 y 1998. Pero, recuérdese que en ese tiempo hubo toda clase de incentivos, sí... a la importación. Aun hoy en día, el clima venezolano sigue favoreciendo a lo importado. Persisten los aranceles únicos (aunque el ministro Márquez, ¡menos mal!, ha anunciado medidas para solucionar este asunto). Existe sobrevaluación del bolívar y una inflación todavía estratosférica. En época anterior lo hemos recordado en otros artículos demostramos que, aumentando nuestra producción de petróleo y volcando el poder de compra de su industria en lo nuestro, en bienes y servicios criollos, 'hechos en Venezuela', creábamos no miles, sino cientos de miles de empleos nuevos al año. ¡Y más ingresos fiscales, igualmente!

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El Universal Digital, 28 de agosto de 1999