Franklin Molina
En un escenario global de cambio y transformación calificado por Samuel Hungtinton de "Tercera ola'', las relaciones exteriores entre los Estados se tornan difíciles, la cooperación y el conflicto aparecen como constantes en la comunidad internacional. En América Latina los reiterados dimes y diretes entre Bogotá y Caracas confirman una vez más los "vaivenes diplomáticos'' de las dos naciones. En un clima de tensión subregional y "diplomacia caliente'' la agenda bilateral de negociación se caracteriza por ser compleja, multidisciplinaria y conflictiva. ¿Cómo negociar con el gobierno neogranadino?
En primer lugar se impone reconocer al gobierno de Andrés Pastrana como nuestro interlocutor más inmediato y en segundo lugar entender el carácter de confrontación armada y "guerra civil'' que desde la muerte de Jorge Eliecer Gaitán en 1949 ha existido en el vecino país; por tanto, la negociación con insurgentes colombianos significaría un desconocimiento al Derecho Internacional y el otorgamiento de beligerancia a estos grupos armados, un "Pacto de Caballeros'' entre Manuel Marulanda, alias Tirofijo, y el presidente Chávez no tendría validez legal, ¿cómo denunciar un posible acuerdo en caso de incumplimiento de una de las partes?, ¿cuáles serían los tópicos de nagociación?, ¿la paz en Colombia, la seguridad fronteriza, el narcotráfico o el estatus político de la guerrilla?
Sin embargo, claro está que la pacificación y desmilitarización de Colombia es un interés esencial para la paz en Venezuela, utilizar el escenario bilateral, regional y multilateral para concertar y promover "acuerdos de paz'' entre el Gobierno colombiano y la guerrilla es un objetivo tanto de política exterior como de seguridad y defensa. En la mesa de negociación con Bogotá nuestro "interés vital'' ya no es única y exclusivamente la reafirmación de soberanía sobre las "áreas marinas y submarinas'' del Golfo de Venezuela, la seguridad fronteriza, el respeto a los ganaderos y transportistas, la eliminación del secuestro y la vacuna y la reducción de los daños ambientales a nuestras cuencas naturales son objetivos de "interés estratégico'' para el Gobierno venezolano.
En materia de relaciones comerciales -a pesar de la desaceleración económica de los dos países- el comercio binacional es de suma importancia, profundizar los esquemas de integración y el libre comercio en el marco de la Comunidad Andina de Naciones y el Grupo de los tres son fundamentales para el interés común. El mantenimiento del diálogo diplomático utilizando el mecanismo de consulta de los vicecancilleres, las comisiones binacionales, y la "diplomacia personal'' de los jefes de Estado apunta al entendimiento oficial de los dos gobiernos. Para Caracas, representa una estrategia fijar una posición de Estado ante Bogotá conformando lo que Thomas Schelling llama "agentes negociadores'' expertos en Colombia y en relaciones bilaterales.
Sin embargo, la cooperación hacia Colombia exige la cooperación hacia Venezuela, minimizar los riesgos y maximizar los beneficios sin olvidar el sentido nacional es nuestro punto de honor en un plano de negociabilidad abierta con los vecinos. Lograr la distensión de la pequeña "guerra fría'' es urgente, sin olvidar lo que Karl Deutsch decía muy bien "cuando falla la aceptación y la integración corre peligro, la pauta de mantenimiento y la quiebra del sistema resulta inminente'', para el canciller venezolano José Vicente Rangel entre los dos países "se han soltado los demonios'', aunque sin duda es mejor que los demonios vuelvan a ser amarrados y los nubarrones diplomáticos dispersados, Colombia seguirá siendo por mucho tiempo nuestro irrenunciable vecino.
Guillermo Fernández de Soto, canciller colombiano, expresaba en un programa de RCN Televisión que "la política exterior colombiana era suave en la forma pero fuerte en el fondo'', tal vez para Venezuela se impone hoy más que nunca lo que Juan Carlos Rey argumentaba en su ensayo "La democracia y los problemas de la Política Exterior'': "los venezolanos aspiramos a ser amados y nos asusta la imagen de "venezolano feo' que eventualmente puede formarse en el exterior, no nos damos cuenta que en política exterior más importante que ser amado es ser respetado, pero ser respetado no equivale necesariamente a ser temido, no significa desarrollar una política de prepotencia y agresión sino poner en claro ante los otros cuales son nuestros intereses nacionales y llevar a su convicción que estamos dispuestos a defenderlos''.
Internacionalista
franklin_molina@yahoo.com
Economía Hoy, 30 de agosto de 1999