Reforma laboral y productividad empresarial
Aurelio F. Concheso
La reforma laboral y de la seguridad social iniciada a raíz de los acuerdos
tripartitos de marzo de 1997 fueron, junto con la reforma del Código Orgánico
Procesal Penal, uno de los cambios estructurales más importantes implementados
en Venezuela en años recientes. Lamentablemente, hay quienes no lo ven así y
realizan intentos por revertir los avances más significativos de estas
reformas.
Los opositores de las reformas tienen una variedad de motivos. Algunos, de
buena fe consideran que las mismas son perfectibles, como efectivamente lo son.
Cambios de esta magnitud tienen que por su propia naturaleza lograrse a través
de sucesivas aproximaciones; si alguna virtud tiene la Ley Marco de Seguridad
Social Integral y la propia Ley Orgánica del Trabajo, es que ambas son
susceptibles de irse modificando en el tiempo para adaptarse a realidades
cambiantes.
Otros, sin embargo, pretenden aprovechar las circunstancias de un cambio de
gobierrno para regresarnos a un pasado plagado de mecanismos laborales y de
seguridad social que han demostrado hasta la saciedad su perversidad, atentando
contra el bienestar de los trabajadores y la salud financiera y la
competitividad de las empresas venezolanas. Este último tema de la íntima
relación que existe entre un sistema de seguridad social vible, unas relaciones
laborales flexibles, y la productividad de las empresas y la economía en
general debe continuar siendo un punto esencial en la agenda de políticas públicas.
Querámoslo o no, vivimos en un mundo cada vez más interconectado en el cual
la productividad de cada empresa está estrechamente ligada a las condiciones de
su entorno. En ese mundo compiten no sólo las empresas sino los países en su
conjunto. Así como es prácticamente imposible que las empresas compitan en
igualdad de condiciones si las aduanas no funcionan, tampoco podrán competir si
su sistema de beneficios sociales para los trabajadores no está en sintonía
con los avances que han logrado los países con los cuales estamos compitiendo.
Los principales países de la región ya han implementado cambios que se
caracterizan por sistemas de pensiones de capitalización individual que
canalizan las inversiones hacia las actividades más productivas, sistemas de
salud descentralizados motorizados por la demanda de los usuarios que tienden a
la eficiencia en el uso de los recursos, y reglas laborales que permiten que se
premie la productividad de los trabajadores y estimulan la inversión
empresarial en el entrenamiento de los mismos.
Los cambios logrados a través del esfuerzo tripartito apuntan en esa dirección.
Sin embargo, si ahora luego de arduos esfuerzos se desvirtúan las reformas y se
regresa al sistema de prestaciones retroactivas se estaría atestando un duro
golpe a la productividad empresarial. Afortunadamente, no resulta tan fácil
deshacer el camino andado, entre otras cosas porque el costo fiscal para el
Gobierno como empleador de regresar al viejo sistema de prestaciones es prácticamente
insostenible.
Ante esta realidad el debate debe ser, no para volver a un pasado inviable,
sino para profundizar los cambios en la dirección de una mayor flexibilidad en
las leyes laborales. Con los inéditos niveles de desempleo que hoy padecen los
trabajadores existen poderosas razones para buscar mecanismos que estimulen el
empleo.
Está claramente demostrado que los países que tienen legislaciones
laborales flexibles como Estados Unidos y Chile disfrutan de bajos niveles de
desempleo (que no exceden el 5%) mientras que aquellos países con reglas
laborales inflexibles como Francia, España y Argentina sufren niveles en exceso
del 10% y hasta del 20%. En otros, como Italia, la inflexibilidad se evidencia
en altos niveles de informalidad. Venezuela en estos momentos, vive el peor de
los mundos en esta materia: altos niveles de desempleo con alta informalidad.
Una flexibilización de las reglas laborales aunado a sistemas de pensiones,
salud y paro forzoso diseñados para un uso eficiente de los recursos tal y como
lo contemplan los subsistemas aprobados, le permitirían al país entrar al próximo
siglo en condiciones de competir en los mercados internacionales, potenciando a
un máximo sus ventajas comparativas y haciendo un uso efectivo del abundante
espíritu innovador que tiene el empresariado venezolano.