El suicidio de un régimen

Santiago Ochoa Antich

Estoy en desacuerdo con la aseveración de Mario Vargas Llosa de que la nación venezolana se suicidó, porque en su mayoría votó por Hugo Chávez. Lo que en Venezuela se suicidó fue el régimen democrático representativo, pero no ahora. El momento de su suicidio ocurrió hace mucho y pasó inadvertido.

¿Qué es, en fin de cuentas, la democracia representativa? Pues el régimen político de la burguesía, de eso que hoy conocemos como la clase media. Arranca con la Gloriosa Revolución inglesa de 1688, la Revolución norteamericana de Independencia y la Revolución Francesa. Con ellas se entierra el "antiguo régimen", en el que gobernar era prerrogativa de la nobleza, de la clase terrateniente. El poder pasa a las nuevas clases adineradas, producto del comercio y las finanzas, a los capitalistas; y va a originar el maquinismo, una nueva manera de crear riqueza duradera a través de la invención.

El que la democracia representativa se haya desarrollado también en países con una exigua clase media es, quizás, el mejor reconocimiento de las ventajas de ese régimen. Los casos de las monarquías constitucionales de Italia y España el siglo pasado son ejemplos de lo que digo. Su efímera vida es muestra de que no se habían dado las condiciones necesarias para su implantación definitiva. Algo parecido ocurre con los regímenes republicanos postindependentistas en la América latina. Como no hay base social de sustentación, bien pronto se cae en la dictadura, el "imperium" que en la República Romana se concedía en momentos de dificultades. Lo mismo ocurre en Italia y España. La monarquía constitucional de Alfonso XIII cede el paso al Directorio Militar de Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, y al Frente Popular de la República le sigue la guerra civil y la dictadura de Francisco Franco. En Italia, por su parte, la monarquía constitucional precede al fascismo de Benito Mussolini.

Si bien en Inglaterra se desarrolló una especie de pacto entre nobleza y burguesía, quizás determinado por la alianza entre el monarca absoluto y los burgueses, en los países del continente europeo ocurrió un distanciamiento entre las dos clases sociales que va a conducir a una revolución sangrienta. Sin embargo, la intelectualidad ilustrada burguesa en estos países llegó a sentirse más a gusto entre la nobleza que entre sus congéneres, quizás debido a la educación similar recibida en los colegios privados católicos. De ahí que la intelectualidad europea y posteriormente la latinoamericana se sintiera incómoda con la burguesía en el poder y comenzara a añorar el antiguo régimen. Así surgen las utopías socialistas, como el marxismo y el leninismo, en que los bienes de producción pasarán a manos del Estado, regímenes en que la intelectualidad se une con obreros y campesinos para desplazar del poder a los burgueses y establecer la "dictadura del proletariado".

La Venezuela postgomecista es una sociedad en que el petróleo transforma al terrateniente en comerciante o impulsa a éstos hacia actividades preindustriales. Sin embargo, toda la actividad del sector privado venezolano se hace dependiente del gasto fiscal. Ocurre hasta con la banca y más aún con los servicios públicos como la Electricidad de Caracas Podría decirse de esos sectores que son cuasiempleados públicos. La única actividad privada propiamente dicha es aquélla llevada a cabo por las concesionarias petroleras. Como esta actividad es tan importante en la formación del Producto Interno, la sociedad continúa siendo una sociedad capitalista.

Con el tiempo, alguna que otra empresa privada comienza a independizarse del Estado, como es el caso de Polar, pero entre tanto el Estado también ha dado importantes pasos para apropiarse de una infinidad de bienes y servicios en lo que comienza a llamarse "el capitalismo de Estado". Pero en 1976, sesenta años de prédica de la izquierda revolucionaria dan sus frutos. El gobierno venezolano se niega a reanudar el régimen de concesiones y la actividad petrolera, esto es, el único bien realmente verdadero de producción del país, pasa a manos del Estado. Porque el peso del Estado en la economía es desde ese momento indiscutible, la sociedad, sin darse cuenta, abandona el régimen económico capitalista y se anota entre aquéllas con un régimen económico socialista.

No es pura casualidad que hasta 1976, el producto interno bruto per cápita fuera en indetenible aumento, como puede verse en un cuadro del IESA que puede obtenerse fácilmente a través de Internet, ni tampoco que sea desde ese momento en que decline. Fue entonces cuando la democracia representativa se suicidó. De ahí en adelante, no pudo hacer otra cosa que dar traspiés y empobrecer a la nación. Es justo, entonces, que al régimen económico estatista se consolide con un régimen político que entienda la democracia de una manera enteramente distinta. Y es justo, digo, porque es quizás la única manera de que el venezolano pueda convencerse de que si estamos en dificultades, ellas son producto de la nacionalización de la industria de los hidrocarburos y el estatismo desbocado, y no de la democracia representativa ni de los partidos tradicionales. Para muestra basta un botón (y aquí hay un ramillete): los países realmente neoliberales como Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, la República Checa, Hungría, Polonia, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Suiza, continúan acrecentando su bienestar y consolidando sus democracias representativas y sus partidos tradicionales.

Diplomático de carrera
Ex-embajador de Venezuela
en Canadá y Austria