Tercera vía ¿Camino al tercer mundo?
Carlos F. Cáceres C.
(AIPE).- Las victorias que en años recientes obtuvieron los partidos de la Social Democracia en Europa y, en especial, el triunfo del Partido Laborista en Inglaterra hicieron surgir iniciativas, desde el punto de vista de estrategia económica, que han merecido la denominación de "tercera vía", la cual pretende establecer un sistema que se aleja de los modelos centralizadores como también de un liberalismo económico absoluto, el que, por lo demás, no se da en ninguna sociedad moderna. Sin perjuicio de que en las recientes elecciones europeas la Social Democracia experimentó importantes derrotas electorales, los planteamientos que ilustran la "tercera vía" han comenzado a extenderse y a ser recogidos por políticos latinoamericanos.
No cabe duda de que las sociedades tienden a alejarse de las posiciones extremas que siempre obedecen a construcciones artificiales. Por una parte, el pensamiento marxista nunca se llevó hasta sus últimas consecuencias en los países que adoptaron la estructura del comunismo, que por lo demás era un paso intermedio en la utopía socialista. Asimismo, el orden liberal absoluto, en el que autoridad alguna regula la vida de la sociedad, tampoco obedece a una experiencia real.
La experiencia de los países que han implementado una estrategia económica fundada en la libre iniciativa ha sido, sin lugar a dudas, exitosa. En ellos se ha logrado la estabilidad, los equilibrios macroeconómicos, la apertura a la competencia internacional y el libre ejercicio de la responsabilidad individual. Esto ha posibilitado mayores niveles de eficiencia y productividad que, a su vez, han generado acceso a mayores grados de bienestar para toda la población y, como consecuencia natural, han hecho posible el ejercicio de la democracia como forma de vida y de gobierno.
Aun cuando lo anterior se reconoce como una realidad, no están ausentes una vez más planteamientos ideológicos que, más que clarificar posiciones, tienden a una confusión.Así, cuando la sociedad chilena ha alcanzado mayores niveles de prosperidad como consecuencia de una estrategia de desarrollo clara y en cuya formulación está implícito el reconocimiento de la realidad de los acontecimientos y conductas humanas, comienzan a acogerse iniciativas de modelos intermedios que se apartan de los criterios que son propios y categóricos a una sociedad que está regulada por principios ordenadores. De tal manera, surge en esta oportunidad la "tercera vía", y el candidato de la Concertación, Ricardo Lagos, la acoge parcialmente y hace suyos algunos de los planteamientos de Tony Blair y Gerhard Schroeder, cuando concluyen que "queremos una economía de mercado y no una sociedad de mercado, y un Estado activo en áreas claves como el empleo, la educación y la salud y no uno que deviene en un nuevo receptor pasivo de las víctimas del fracaso económico".
Sin definir los términos se comienza a hablar de manera peyorativa de una sociedad de mercado, para indicar que las leyes que operan en los mercados no son susceptibles de ser aplicadas a la vida de una sociedad como un todo. La pregunta que debe formularse es la siguiente: ¿Quiénes, alguna vez, han señalado que las leyes del mercado deben expandirse a toda la vida de la sociedad?
En Chile, a partir de 1973, se establecieron las condiciones para el imperio de una economía de mercado que reconoce, por supuesto, las leyes naturales de la presencia de los mercados y, en esa referencia, el Estado asumió un papel de carácter subsidiario. Es importante destacar la necesidad que tiene para un orden social el que exista la presencia de un principio ordenador. En la experiencia de Chile, dicho principio ha sido el de la subsidiariedad, que en su definición más simple y completa establece que la responsabilidad individual precede a la global. Es decir, no les cabe a los órganos superiores una tarea especial, en la medida en que las sociedades inferiores tienen las competencias y las facultades para cumplir con sus finalidades específicas.
La economía de mercado que existe en Chile se da, entonces, en la referencia de un Estado de Derecho, que junto con resguardar las libertades individuales y fundamentar los valores que aúnan nuestra sociedad chilena, hace también menciones claras a la tarea que le compete al Estado y al gobierno de la nación. Por lo tanto, hablar de una sociedad de mercado, para el caso de Chile, no resulta una expresión válida. Reiteremos, Chile vive dentro de un Estado de Derecho, con deberes y obligaciones para cada uno de los actores del proceso social.
Así como no está definido lo que se entiende por sociedad de mercado, también se genera ambigüedad cuando se señala "la necesidad de un Estado activo en áreas claves como el empleo, la educación y la salud". La Concertación ha ido incluso más allá, cuando en un reciente documento señala, acerca de la función empresarial del Estado, que "es preciso proponerse como opción legítima, en el marco de la subsidiariedad, la asunción de responsabilidades productivas por parte de la institucionalidad pública, ya sea a través de establecimientos propios o en asociación con el sector privado".
Una vez más, una nueva confusión. El principio de subsidiariedad ilustra en forma precisa las tareas que le competen al Estado, a los cuerpos intermedios y a las personas dentro de un orden social. Así, es competencia del estado satisfacer las necesidades colectivas de justicia y seguridad como, también, le corresponde acciones en subsidio para hacer posible los legítimos criterios de igualdad de oportunidades.
La "tercera vía" y sus variantes emergen con las confusiones propias de construcciones ideológicas que están alejadas de los requerimientos de una sociedad que se globaliza y que exige de mayores niveles de competitividad para enfrentar las tareas del desarrollo. Planteamientos de la naturaleza que hemos comentado ampliarán las incertidumbres, que no es lo que precisamente se busca cuando la tarea de la prosperidad requiere la realización de proyectos con maduración en el largo plazo. Reiteremos que es la capacidad de creación de los individuos, que sólo puede desarrollarse en un orden de libertades, el camino que ha probado conducir a la prosperidad. La búsqueda de terceras vías puede llevarnos de regreso al tercer mundo.
Presidente del Instituto Libertad y Desarrollo.