Tremenda confusión en Venezuela
Carlos Sabino
(AIPE).- Venezuela se encuentra sumida en una recesión económica de enormes proporciones. Las ventas caen, aumentan los despidos y casi nadie se atreve a invertir en un país cuyo rumbo es imposible de predecir. Se calcula que este año el PIB disminuirá en 7%, que el desempleo en el sector formal alcanzará la impresionante cifra de 20% y que la inflación, aún así, rondará por 22%. Es lógico que, ante un panorama tan sombrío, sean muchas las voces que reclaman al gobierno la adopción de una política económica coherente y la ejecución de las profundas reformas que el país sin duda necesita.
El equipo económico de Chávez, sin embargo, no responde. Integrado por personas que se regodean en repetir los temas del nacionalismo económico populista que tanto daño ha hecho a América Latina, las únicas medidas que se proponen tienen que ver con la baja artificial de las tasas de interés, con cierto proteccionismo, con formas de intervencionismo estatal que afectan negativamente a todos los mercados. Pero no reside aquí, sin embargo, el nudo de la cuestión: con políticas semejantes Venezuela ha tenido años malos y no tan malos, aunque nunca tan sombríos como el que estamos atravesando ahora. El verdadero problema de la economía se encuentra, en realidad, más en la esfera de lo político que en las propias y desacertadas decisiones económicas que se están tomando.
Lo que sucede en Venezuela es, en el fondo, bastante sencillo: hay un clima de confrontación permanente que le sirve al presidente Chávez para concentrar más y más poder en sus manos y hay un modo de hacer las cosas que pasa por alto el ordenamiento jurídico vigente en casi todas las decisiones importantes. Tenemos una Asamblea Constituyente que se ha declarado "originaria" -es decir, plenipotenciaria- emitiendo decretos como si estuviéramos en la época de Dantón y Robespierre. Nadie sabe cuál es el ordenamiento jurídico que rige en el país. La Constitución de 1961 sigue vigente en teoría, pero se la deja de lado cuando la Asamblea decide proceder de otra manera; los gastos del gobierno van escapando al control de los organismos competentes y la Corte Suprema de Justicia -arrinconada por el proceso político- carece de poder efectivo para mediar en las disputas acaloradas que se van presentando.
En estas condiciones, que habrán de continuar al menos por varios meses, nadie quiere arriesgarse a invertir en el país. No se trata ya de los míticos y poderosos inversionistas internacionales, que se espantan de las declaraciones del presidente, sino también de los más modestos empresarios locales y hasta de los ciudadanos corrientes que viven de sus ingresos salariales. Nadie cambia su automóvil hoy en Venezuela (las cifras muestran un descenso en las ventas de vehículos de 70%), nadie quiere comprar nuevas viviendas, nadie invierte en la Bolsa de Valores, cuyo índice hoy es apenas un 40% del que tenía en marzo del año pasado.
Mientras Chávez intercale declaraciones incendiarias o confusas con llamados a la inversión productiva, mientras se combinen alegremente las actitudes jacobinas de los constituyentes con una política económica poco clara, todo seguirá empeorando en el país. Nadie o sólo los muy audaces serán capaces de lanzarse a aguas tan turbulentas e impredecibles. La economía seguirá languideciendo y, como resultado, empeorará aún más la penosa situación de los trabajadores y pequeños empresarios.
¿Hasta dónde podrá soportar el "pueblo chavista" este prolongado deterioro? ¿Qué medidas extremas podrá tomar este gobierno cuando vea que las protestas comienzan a dirigirse contra su gestión y la situación se le empieza a ir de las manos? Algunos piensan que, llegado a ese punto, Chávez actuará con sensatez e iniciará las profundas reformas reales que el país necesita. Otros creen que, aprisionado por su fraseología populista y promesas imposibles de cumplir, dará un peligroso salto hacia formas autoritarias semejante a las que siguieron muchos gobiernos de izquierda bien conocidos en la región.
El impredecible futuro puede ilusionar todavía a algunos pero, para ser francos, despierta en la mayoría una terrible aprensión que se refleja de un modo directo en el pésimo desempeño actual de la economía. Por eso lo único seguro es que en Venezuela viviremos, al menos en los próximos meses, en medio de la más completa y paralizante confusión.
Corresponsal de la agencia de prensa AIPE.