Operación ventrílocuo
(Cómo aniquilar al Defensor del Pueblo?)
Iván R. Méndez
"Buscando lo inseguro, perdemos lo seguro"
Plauto, Pseudolus 685
En este régimen militar que nos acoge, cada mañana uno de nosotros amanece sin voz. Si tan sólo fuese un virus perverso obsesionado en atacar nuestras cuerdas vocales, quizá la medicina o la psicología harían lo suyo en la restauración del medio preferido de nuestras ideas para inundar el mundo. Mas no, esa mudez personal cede paso a la institucional y, esta última, ampara el reemplazo de juiciosos seres humanos por la última edición de muñecos polirobóticos, codificados para entender sólo las señas beisbolísticas del Comandante. Este sigiloso intercambio ya sucedió en la Corte Suprema de Justicia, Congreso Nacional, PDVSA, todos los ministerios, y a futuro, en entes como la Contraloría General de la República, la Fiscalía General de la República y la Defensoría del Pueblo, con los cuales quedará inaugurado el espectáculo ventrílocuo más impresionante del milenio, pues contará con más de siete millones de extras, conformados por aquellos venezolanos que acudirán a votar (entiéndase marcar óvalos innocuos) por el elenco presidencial protagonista del autómata Poder Moral
Has confiado una oveja a un lobo
Venezuela, era una amalgama cálida y amamantadora de bienvenidas y esperanzas, ahora es un bloque compacto, casi puro, puesto que tiene un 85% de ingredientes de irracionalidad vengadora, sin importar " si yo mismo dejo de ser persona y me vuelvo un arma contra los corruptos". Ocho de cada diez venezolanos son un campo minado, con emociones que se disparan en intensidades desconocidas. Devotos de la ira, avanzan la senda que los lleva de la furia al resentimiento y de allí a la exasperación y la indignación hasta ser un odio patológico que los aniquile a sí mismos. Frágiles arlequines de yeso y arcilla, los venezolanos se desmoronan en la espera, y sin embargo, siguen hablando como quien sabe que Dios le escucha.
Los votos son contados, no pesados
Recuerdo al ahora constituyentista Ricardo Combellas, trasnochado y roncador ante las palabras de Fernando Fernández aquella tarde del pasado 17 de junio en el Hogar Bnai Brith de Caracas. Fernández, disertaba sobre los alcances, límites y eficacia de la figura del Defensor del Pueblo, corolario de las opiniones del día, donde Gustavo Briceño explicó el por qué respetar la elección parlamentaria de la figura, mientras Araceli Redondo, única Defensora del Pueblo activa en el país, proponía un comité mixto de elección, integrado por parlamentarios y representantes de las fuerzas vivas (juntas de vecinos, iglesias, educadores, médicos, periodistas y otros), quienes deberían seleccionar por sus méritos, experiencia y vocación el grupo de candidatos del cual saldría el futuro Defensor. Tal vez, ya Combellas tenía bajo la manga los artículos del futuro Poder Moral, donde el Defensor del Pueblo Nacional será nombrado por una dispendiosa y cándida elección popular. Sucedáneo de esta estrategia, queda claro que el títere emanado de este proceso nombrará arbitrariamente a sus vasallos regionales, aniquilando la autonomía relativa de los defensores de provincia. Así, Mérida, ejemplo de decisión en la promulgación de su Defensor del Pueblo, amanecerá en el 2000 con una figura ajena a sus tragedias cotidianas, insensible a sus formas de ver y sentir la vida, pero sobre todo, sin voz ni fuerza para representar a los cientos de merideños que acuden a la Defensoría del Pueblo con la certeza de ser orientados y socorridos en los problemas que los acorralan.
Breve suma de males
Ante los miles de millones de bolívares que costará la elección de lujo del Defensor del Pueblo 2000, cabe exponer los avatares de la única Defensoría del Pueblo viva en el país, soberana y electa por la Asamblea Legislativa hace unos meses. El exiguo y malévolo presupuesto actual de la Defensoría del Pueblo del Estado Mérida (Bs. 2.500.000,00 mensuales) apenas cubre los salarios de los diez empleados que allí laboran. Sólo por comparar, la Defensoría del Pueblo más pequeña de Colombia, cuenta con 17 personas a tiempo completo. Actualmente, la Defensoría del Pueblo está a punto de ser desalojada de su sede en la Av. 3 Independencia, pues adeuda tres meses de alquiler, sin contar el creciente saldo negativo con CANTV, CADELA y Aguas de Mérida. La labor educadora en Derechos Humanos ha sido congelada, ante la emergencia de optimizar las actuaciones de las comisionadas en la solución y mediación en las dispares quejas que se reciben diariamente. La Defensoría del Pueblo, los merideños son testigos, actúa rápida y conciliadoramente ante aquellos organismos públicos que, por desidia o corrupción, atropellan a la ciudadanía. Mas la crisis institucional es tan grave, que la Defensoría del Pueblo actúa en áreas de competencia de otros entes oficiales, amnésicos de sus fines de promover y luchar por la dignidad ciudadana. Estos males que acorralan a la Institución, son agravados por el boicot de algunas alcaldías, tribunales y dependencias oficiales del Gobierno Regional, que desconociendo el carácter mediador del Defensor del Pueblo, encubren las fechorías cometidas por sus miembros. A pesar de todo, la Defensoría de Pueblo continúa su labor como la "voz de los que no tienen voz", hasta que el destino la alcance.
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