Pleitos lejanos tocan a la puerta 

Alberto Valero

El mayor eco obtenido por la reunión que sostuvieron esta semana los Jefes de Estado de Centroamérica con el Presidente de Taiwan, respecto de la anterior, celebrada hace dos años en San Salvador, confirma la presencia de los países del Lejano Oriente en una zona de interés fundamental para nosotros y nos aproxima al pleito diplomático y militar que desde 1949 ha signado las relaciones entre Beijing y Taipei.

A los líderes de Guatemala, Nicaragua, Honduras, Costa Rica, El Salvador y Belice, se sumaron el Secretario General del Sistema de Integración Centroamericana y el Vicepresidente de República Dominicana, para evaluar los logros del Fondo de Desarrollo Económico -con capital inicial de 300 millones de dólares,240 de ellos aportados por Taipei- que se creó entonces para realizar actividades productivas y de infraestructura a mediano y largo plazos.

Pero, también, ha sido un espaldarazo a la isla en su desafío a la China Continental y a su aspiración de membresía en las Naciones Unidas, de modo que se afinca la querella en la agenda de la Asociación de Estados Caribeños y las demás instituciones regionales, y sugiere de nuestra Cancillería un cuidadoso seguimiento.

Porque la presencia diplomática que Taiwan y Corea comparten con Venezuela en la mayoría de los microestados antillanos se acompaña de agresivos esquemas de ayuda crediticia y donativos generosos que junto con introducir sus reivindicaciones territoriales hacen de ellos rivales formidables de nuestras tímidas y folklóricas iniciativas culturales y los ocasionales acercamientos de inversionistas y comerciantes auspiciados por el Acuerdo de San José.

La Cumbre de Taipei es reveladora de la sintonía que suele prevalecer entre los estados del Itsmo, incluso en los momentos más duros de la confrontación Este-Oeste y amerita atención en vísperas del inminente retorno del Canal a la soberanía panameña y la urgencia de ampliarlo y complementarlo con una o más vías alternativas, capaces de manejar el volumen creciente del comercio global.

Porque ocurre que el Canal ya centenario recibe a duras penas los supertanqueros y cargueros colosales y Panamá confía en la asistencia de Taiwan para expandirlo con esclusas adicionales y un acceso paralelo a nivel del mar; mientras Japón, Corea y la China Popular patrocinan y prevén beneficiarse de un conjunto de proyectos (no importa los problemas de índole técnica, financiera y, sobre todo, política liados a su ubicación en sitios conflictivos, con movimientos narco-guerrilleros e insurrecciones indígenas) desde el norte de Colombia hasta el itsmo de Tehuantepec, y están frescas las gestiones para construir una ruta interoceánica a través del Darién que llevó a cabo en su momento el Presidente Samper.

Que Beijing desaprueba este tipo de relaciones quedó claro en 1997, con su boycott a la ceremonia en Guatemala que puso fin a la guerra civil y donde fueron invitadas las autoridades de Taiwan, por lo que debe haber visto con escasa simpatía la mano tendida de Centroamérica y el Caribe a su archienemigo en el Estrecho de Formosa.

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