Ni jaque, ni mate
El anuncio del Presidente de la República al momento de
instalarse la Asamblea Nacional Constituyente, así como de
los directivos de ésta, generó tranquilidad en el sentido
de que la abrumadora mayoría que la coalición oficialista
había obtenido en el seno de ese cuerpo, garantizaba la
estabilidad gubernamental y permitía la convivencia del
poder constituyente con el constituido. Posiciones más
movidas, al parecer por capricho y el orgullo herido, así
como por el deseo de venganza, que se manifiestan de uno y
otro lado, han trancado el juego que se desenvolvía con
cierta fluidez.
Los decretos de emergencia judicial y legislativa, después
han puesto el país de cabeza. De hecho, la Comisión de
Emergencia Judicial que preside el Constituyente Manuel
Quijada, nombrada por la ANC ya está tomando medidas, esta
semana destituyó ocho jueces, entre civiles, mercantiles y
penales de todo el país que preside el Constituyente Manuel
Quijada, aduciéndose que tal medida obedeció a las
denuncias sobre presuntos actos de corrupción
administrativa que cursaban ante el Consejo de la
Judicatura.
La Asamblea está tomando medidas que trascienden con
creces la redacción de una nueva Constitución y que crean
un ambiente de incertidumbre muy grande. El sector económico
parece una especie de cenicienta en la estrategia
gubernamental y no se ve claro, cuáles son los objetivos
del gobierno de Chávez a largo plazo, pero además la
situación plateada recientemente sólo genera más
desconfianza en los inversionista y por ende una mayor
recesión. Entre tanto el desempleo continúa en aumento y
en consecuencia la estabilidad de una gran cantidad de
familias venezolanas, es decir, el soberano.
Pareciera que el pueblo no es el único perjudicado en
esta situación, sino también el propio gobierno nacional,
para quien las decisiones de la Asamblea Nacional
Constituyente se están convirtiendo en un verdadero obstáculo
pues el piso institucional que requiere para mantenerse
estable se abre cada día más bajo sus pies. Con amigos así
para que se quiere enemigos, dice el refrán y en este caso
parece aplicarse muy bien.
Al otro lado del río permanece el pueblo venezolano
observando el panorama. Hasta cuando mantendrá la cordura y
el buen juicio mientras a su frente se suceden hechos que
confunden y de no orientarse con sumo cuidado pueden
redundar en su mayor empobrecimiento. La cuerda se tensa y
podría romperse algún día. Lo que hoy es simpatía ante
medidas que aparentemente buscan vengar las afrentas
cometidas durante cuarenta años y su reivindicación, mañana
pueden convertirse en la mecha del barril de pólvora. Las
lunas de miel nunca son eternas y tarde o temprano llega el
día de los reclamos y recriminaciones. Es tiempo de
decisiones inteligentes y no de esperar que mañana sea
demasiado tarde. |
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