Paz con bombas

Apenas secada la tinta con la que el Gobierno israelí y la Autoridad Nacional Palestina sellaron el sábado su compromiso para que entre en vigor el acuerdo de Wye, firmado en octubre de 1998 en Estados Unidos, el terrorismo ha vuelto a golpear en Israel. Dos explosiones en las ciudades de Tiberias y Haifa han matado a tres personas -probablemente quienes portaban las bombas- y han resucitado el espectro del terrorismo palestino que se opone a la paz con los israelíes.

Los dos incidentes, que las fuerzas de seguridad han interpretado como acciones terroristas palestinas, ilustran el desafío al que hace frente el proceso de paz reactivado este fin de semana por el primer ministro israelí, el laborista Ehud Barak, y el líder de la Autoridad Nacional Palestina, Yasser Arafat, en la localidad egipcia de Sharm El Sheij. El compromiso suscrito el sábado reanuda un proceso basado en el intercambio de territorios por paz. Hace seis años, en Washington, se dio el primer paso. Pero, en 1996, la intensificación del terrorismo por parte de las facciones palestinas contrarias a Arafat desencadenó una ola de violencia que, entre otras cosas, dio la victoria electoral al nacionalista israelí Beniamin Netanyahu, quien posteriormente bloqueó el proceso.

Han hecho falta tres años y la derrota de Netanyahu para que otro Gobierno israelí, el encabezado por Barak, devolviera las aguas al cauce de la negociación con los palestinos. Fruto de este nuevo talante es que Israel, tal como se anunció en 1998, se ha comprometido ahora a devolver a los palestinos otro 13 por ciento de Cisjordania, territorio ocupado en 1967. A cambio, los palestinos de Arafat se han comprometido, entre otras cosas, a perseguir a los sospechosos de haber cometido acciones terroristas y a confiscar las armas ilegales en la parte del territorio de Cisjordania que administra.

Las acciones de ayer en Israel subrayan, de esta manera, la fragilidad del proceso de paz y, al mismo tiempo, intensifican la presión sobre Arafat para que cumpla su promesa de que también velará para que la seguridad de Israel no se vea debilitada. En el proceso de paz, Israel pone la devolución de los territorios -o, al menos, parte de los territorios- que ocupó en la guerra de 1967. Los palestinos deben poner fin a la violencia.

La Vanguardia Digital (España), 6 de septiembre de 1999