Timor Oriental
Tanto los empleados de la ONU como los escasos periodistas presentes en Dili coinciden en que la policía y los soldados indonesios ayudan a las milicias.- El Gobierno de Yakarta rechaza el desembarco de tropas extranjeras
Dili/ Yakarta.- Indonesia está haciendo todo lo posible para controlar la situación de caos en Timor Oriental, o al menos eso afirma su Gobierno, que un día más ha reiterado su oposición a cualquier despliegue de Fuerzas Internacionales de Paz. De hecho, aunque la anarquía, el saqueo y la deportación de miles de personas continúa, la situación parece que ha mejorado con la llegada de tropas enviadas por Yakarta, que ya se están enfrentando al ejército que protege las milicias.
Los nuevos refuerzos de Indonesia reciben órdenes directas del comandante en jefe del Ejército, el general Wiranto y, según varios miembros de la ONU, mostraron su predisposición a detener la matanza. El otro bando del ejército indonesio está formado por fieles al ex dictador Suharto, que han desarrollado lucrativos negocios en Timor y que se resisten a abandonar la provincia que el 30 de agosto votó mayoritariamente por la independencia.
Sin embargo, la ley marcial impuesta por Indonesia en todo el territorio es ignorada por las milicias, que se niegan a aceptar la independencia de la provincia. Hoy mismo, Monseñor Basilio Nascimiento, obispo de Baucau, en el este de Timor Oriental, ha resultado herido cuando intentaba enfrentarse a las milicias y los soldados que atacaban su residencia.
Por ello, las próximas 24 horas son cruciales. Si las autoridades indonesias no cumplen su promesa de obligar a su ejército a poner fin a las matanzas en Timor Oriental, la comunidad internacional enviará tropas para restaurar el orden en la agitada antigua colonia portuguesa.
La delegación de miembros de las Naciones Unidas ya está en Yakarta
Los que sí que se encuentran allí son los cinco embajadores, que forman parte de la delegación de miembros de las Naciones Unidas, encabezada por el representante de Namibia en la ONU, Martin Andjaba, y que debe convencer al presidente indonesio, Jusuf Habibie, de que consienta el despliegue de una fuerza internacional si el Gobierno no es capaz de restablecer el orden en la antigua colonia portuguesa.
Mientras, los llamamientos a una intervención internacional no encuentran el suficiente apoyo en el Consejo de Seguridad de la ONU. Los cálculos más optimistas hablan ya de una sexta parte de los 800.000 habitantes de Timor asesinados, deportados u obligados a esconderse en las montañas de la región.
Por el momento, los cinco miembros de la misión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han llegado ya a Yakarta, procedentes de Nueva York, con el fin de reunirse con los miembros del Gobierno indonesio para tratar la crisis de Timor Oriental.
La intervención militar gana apoyo
El número de los partidarios de la intervención militar, que inicialmente sólo era apoyada por Portugal, crece rápidamente. El tardío visto bueno del presidente Bill Clinton ha sido decisivo. Australia, cuya costa norte está separada de Timor por un estrecho brazo de mar, encabezaría el contingente, que tendría el respaldo legal del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero no sería dirigida por la ONU.
Por el momento, el Gobierno de Yakarta rechaza el desembarco de tropas extranjeras. Ayer, en el primer gesto serio destinado a frenar la carnicería de timorenses, el presidente Habibie impuso la ley marcial en el territorio.
El ministro español de Exteriores, Abel Matutes, también instó ayer a la ONU a asumir sus responsabilidades.
El Mundo (España), 8 de septiembre de 1999