Un padre y un hijo, españoles residentes en Colombia, han logrado escapar de sus secuestradores y llegar, después de caminar por el monte durante horas, a la ciudad de Viotá, a 80 kilometros de Bogotá. Junto a ellos, el pasado 10 de agosto fueron secuestradas otras cinco personas que todavía permanecen retenidas, sin que hasta esta huida se hubiera tenido noticia de lo ocurrido. Sí se sabe, sin embargo, que otros cinco españoles siguen secuestrados en Colombia. Estos datos, entre tantos otros que se suceden día a día, revelan la dramática situación de Colombia. Los grupos guerrilleros, como el FARC y el ELN, se han convertido, alejados de toda perspectiva ideológica y política, en parte de una lamentable industria del secuestro, además de participar en otras actividades relacionadas con el tráfico de drogas.
Las buenas intenciones pacificadoras de Andrés Pastrana no tenían detrás un plan suficientemente elaborado y las conversaciones frustradas llevan a estos grupos a intensificar sus acciones violentas a la búsqueda de recursos y de posiciones de fuerza. Y, en este escenario de caos, delincuentes comunes y grupos organizados se suman a la actividad violenta y a esa suculenta industria del secuestro que, con una facilidad sorprendente, inventa y lleva a cabo todo tipo de extorsiones, muchas de las cuales permanecen ocultas por las familias de las víctimas para, ante la indefensión, negociar a la baja los rescates. No es fácil hacer cumplir en Colombia las exigencias del Estado de Derecho pero es una urgencia. Tanto por las víctimas como por el mismo país, que se debate entre el populismo de Chávez y el riesgo de una intervención militar de EEUU.
El Mundo (España), 3 de septiembre de 1999