Comprar niños

Eduardo Haro Tecglen

Dije por radio que permitiría que los niños se pudieran comprar. Hay escándalo. El primero, mi compañero Álvaro Gil-Robles, de bondad oficial -la tiene, también, privada-, se ha quedado con los tópicos: "¡Compraventa de seres humanos!". Vamos, vamos. Nada peor que las normas de adopción o de acogimiento legal, que los dejan años en instituciones -orfanatos o asilos- en espera de alguien que tenga la "idoneidad" -palabra oficial- para dárselos.

Mientras, los niños se "institucionalizan": se adaptan al medio. El lugar de donde entran y salen chicos y chicas -cazados o salvados unos, liberados otros- continuamente: las clases no pueden tener homogeneidad, se hablan distintos idiomas, algunos proceden de la prostitución o el delito, otros de las palizas de sus madres, o de la violación por sus padres y sus hermanos. Otros, agarrados en la mendicidad (no tienen dignidad para morir de hambre), y otros angustiados que se han quedado solos en el mundo. El que se institucionaliza se forma en eso y espera el futuro que le prometen, en el que lleguen unos señores muy buenos, examinados por un grupo de psicólogos, asistentes sociales y expertos, que habrán estudiado personalidades: y condiciones de la vivienda, y cuentas corrientes.

Ésta es la forma oficial. Hay otra, en los países paupérrimos: niños viven y mueren en sus casas o en asilos, donde no se come, ni se aprende, ni se ama. Quien va a buscarles tiene que pagar pícaros intermediarios, abogados más o menos supuestos, funcionarios más o menos corruptos: y a la familia del niño, que saldrá unos días del hambre. La cuestión es que ese niño, vagamente comprado, sale de una muerte inminente y de una vida miserable para ir a una casa donde tendrá sus necesidades cubiertas. Hasta que se produzcan las decepciones. ¿Y si los compran para trasplantes? Eso pertenece al delito. Y pueden ser hijos vendidos por sus padres o cazados por la parapolicía en las calles de Caracas, Río, donde sea. La miseria infantil es inagotable. Nos escandalizamos porque sean soldados: pero es mejor que tengan un arma cuando les están matando y minándoles y violándoles. De su prostitución: pero gracias a ella comen. De que con sus manitas minúsculas puedan tejer los más finos nudos de las alfombras persas o chinas: pero las compramos, y gracias a esa esclavitud toman un bol de arroz y llevan otro a su casa. Y si alguien les compra es un salvador.

El País Digital (España),6 de septiembre de 1999