Prejuicios de la retina

Ejecución en la plaza pública

Karl Krispin

Cuentan que su muy católica majestad, el rey don Felipe II, no se perdía uno solo de los autos de fe que celosamente ejecutaba el brazo secular de la autoridad civil por mandato del Tribunal de la Santa Inquisición. Al parecer disfrutaba con ver aquellos espectáculos mortuorios que despachaban a herejes, apóstatas y hechiceros al juicio del Supremo. Menuda suerte los de aquéllos: ser torturados y ejecutados por el Austria aguardando la posteridad eterna de las brasas de la quinta paila de Lucifer. En la Nueva Inglaterra del XVII fueron los irreductibles puritanos quienes se solazaron con emparrillar a todo aquel que comprase la sospecha de no caminar derecho sobre la línea inflexible del dogma religioso. Si algún período histórico fue rico en ejecuciones públicas fue el terror de Robespierre, en el que además el propio jacobino terminó probando de su propia medicina con la cuchilla que cercenó su atribulada cabeza. En nuestro paradójico siglo XX los Einsatzgruppen de las SS (grupos élites de asalto) fueron bastante eficientes en eso de las ejecuciones públicas, particularmente las cometidas en los territorios ocupados del Este. Durante la revolución cultural china, el fundamentalismo maoísta tuvo la aleccionadora ocurrencia de colgar a los revisionistas y exhibirlos para el desprecio y escarnio público. Sin duda otra más de las incalificables patrañas históricas del supertirano Mao, quien para más señas se decía poeta.

La evolución del Derecho Penal, el trasfondo sustantivo que ha definido la penalidad nos ha llevado a que dejemos a un lado el tema de la muerte por ejecución y nos hayamos dejado ganar por la civilizatoria evidencia de que la aniquilación no genera ninguna bondad para el cuerpo social. Todo lo contrario, sin considerar además las terribles injusticias cometidas, la historia está jalonada de cientos de ejemplos donde sencillamente se erró y se condenó a inocentes. Para no hacer demasiado largo el listado, recordemos a Sacco y Vanzetti y los esposos Rosemberg en los Estados Unidos. En este mismo país cada vez son más numerosas las voces que abogan por el cese inmediato de la pena máxima en atencion a las modernas teorías del Derecho que promueven y posibilitan la regeneración del delincuente. En otro orden de ideas, quienes peor parados salen con la aplicación de estas sentencias son a secas los pobres, quienes no están en capacidad de contar con una buena defensa.

No obstante, el recurso de contemplar la historia como un argumento didáctico que muestra la barbarie en todas sus facetas, hay quienes se sitúan en la defensa de estos métodos abyectos. Nuestro gobernador del DF, además poeta, es uno de ellos. No contento con solicitar el cese inmediato del COPP, no satisfecho con opinar que la pena de muerte es la mejor de las consejas para la profilaxia social, ahora nada más y nada menos pide ejecuciones públicas por fusilamiento o ahorcamiento. Este pedido me parece que tiene que pertenecer al reino de lo literario, a los predios de la fantasía. Esto tiene que ser un capítulo del teatro isabelino, una incidencia de Ricardo III o una metáfora del horror de las guerras mogoles del Gran Khan o de Tamerlán. Esto definitivamente es un capítulo no escrito de la Historia universal de la infamia de Borges, porque visto bajo los prismas de la racionalidad institucional no puede tener otra consideración que el de la insania clínica. Ni los nazis, que poco pudor mostraban para el asesinato, hicieron de las ejecuciones en el proceso penal un acto público. Ni siquiera el ajusticiamiento del valeroso conde Bertold von Stauffenberg, quien complotó contra Hitler y fue colgado con cable de piano con una ropa que no le ajustaba, fue realizada a la vista de terceros.

El profesor Elio Gómez Grillo, autoridad entre autoridades, lo ha llamado incivilizado. Quedan en el uso de la palabra nuestros defensores de los derechos humanos pasra quienes esta boutade no debiera pasar de una pesadilla de estupores. Creo que el país es de venezolanos sensatos y no de talibanes y fundamentalistas gritando por la amputación. ¿No es así Tarek?

kkrispin@telcel.net.ve
El universal Digital, 5 de septiembre de 1999