Claudio Fermín
El lenguaje agresivo se ha convertido en una herramienta eficiente en las últimas elecciones. Ha servido para encubrir un discurso vacío, sin propuesta alguna, pero buen anzuelo para pescar a los cansados de malos gobiernos, quienes se conforman con castigar a los supuestos autores de su desgracia personal, aunque los verdugos nada hagan por su futuro. Como quien dice, con la venganza basta. Las agresiones ocurren también entre militantes de un mismo partido y las contiendas internas están signadas por epítetos que parecieran proclamas de exterminio. El encono es la actitud que priva cuando se trata de pulverizar al adversario. Los conductores pierden la compostura y caen en conductas segregacionistas, sólo hablan entre ellos. Desde el anónimo activista de la calle hasta el Presidente, apelan a un inagotable arsenal de descalificaciones que hace imposible transmitir una imagen positiva al mundo, cuando tan necesitados estamos de inversionistas y de nuevos interlocutores comerciales.
La conducta de las instituciones públicas tampoco ayuda a crear un clima de confianza: se abre una brecha de partidización y clientelismo en Pdvsa, lo que el país protesta pero el Gobierno se hace el desentendido; el Contralor denuncia una partida secreta de 650 mil millones de bolívares y el país siente que ni siquiera se hará una investigación; algunos gobernadores enrarecen el ambiente, como lo han hecho el de Lara al incitar a linchamientos públicos y el de Caracas al prometer fusilamiento en las plazas y pedir la pena de muerte. Ambos son incapaces de garantizar seguridad a sus comunidades, pero se escudan detrás de las amenazas a los criminales. No hay dinero para los municipios pero el Fides pretende adquirir un edificio de 5 mil millones de bolívares. Las cárceles ya han sido, en su mayoría, tomadas por bandas armadas y se desvanece la promesa de un gobierno militar que acabaría con la delincuencia y pondría orden en las cárceles.
Plasmar un nuevo proyecto nacional en una Constitución moderna no podrá ser alcanzado en el clima que hoy prevalece. La Asamblea Nacional Constituyente, sin proponérselo y sin percatarse de ello, no obstante nuestras advertencias, ha potenciado una crisis tras otra con medidas superficiales, inconexas y efectistas, que aumentan la conflictividad. La emergencia judicial, la emergencia legislativa, la emergencia ejecutiva, la emergencia sindical, y quien sabe cuántas más, crean un ambiente de inseguridad y falsas expectativas, todo lo contrario de lo que se propone una nueva Constitución como es la definicion de nuevos rumbos, legitimados por una nación que en referendo resuelve el camino del cambio en paz y sin bajas que lamentar.
La incertidumbre no puede ser ocultada por medio de comunicación alguno, donde quiera que esté. Ya ha avanzado demasiado y produce a diario más desempleo, más pobreza, más hambre. Las empresas no invierten y temen que la Constitución del año 2000 sea herramienta para cobrar las afrentas que están en juego en los conflictos antes señalados. Los industriales han denunciado, cifras en mano, que las ventas cayeron en un 77%, que las empresas trabajan con 50% de capacidad ociosa, que no están dispuestos a invertir debido al clima político y al abierto desacuerdo con las medidas del presidente Chávez. La desconfianza en el gabinete ha llegado a tal punto que los empresarios reclaman la designación de un 'zar' de la economía, si es posible el mismo Presidente, que represente un interlocutor seguro en cuya palabra se pueda confiar.
La canasta alimentaria subió a Bs. 228.591 y el salario mínimo de 120.000 bolívares aprobado por Chávez, más que un saludo a la bandera es una bofetada a los trabajadores.
Si el debate político y la conducción del Estado continúa en manos de agitadores no habrá inversiones, sin ellas no habrá puestos de trabajo, se incrementarán el desempleo y el hambre y, además, sin consumo no habrá cancelación de impuestos y el Estado verá menguada, aún más, su débil capacidad de respuesta para atender a los sectores populares. No gana el pueblo, no gana el Gobierno, no gana nadie.
El establecimiento de un clima de confianza es la gran prioridad, pero a través de la agitación política no será posible lograrlo.
claudiofermin@hotmail.com
El Universal Digital, 5 de septiembre de 1999