Antonio Francé
La anunciada reestructuración de la administración central contiene algunos aciertos. La fusión del MTC con el Ministerio del Desarrollo Urbano en un nuevo Ministerio de Infraestructura reconstituye el antiguo MOP, con el añadido del Ministerio de Comunicaciones. La complejidad del ente resultante es enorme, pero la fusión facilitará la coordinación de las políticas de desarrollo físico. No se justifica la existencia de un Ministerio de Justicia con funciones muy limitadas frente a las del Poder Judicial, de manera que su fusión con el Ministerio de Relaciones Interiores tiene sentido. Lo mismo puede decirse de la integración del Ministerio de la Familia al del Trabajo. En ellos las actividades unificadas son bastante afines y no será demasiado difícil para un ministro dirigir ambas. La razón principal de la fusión de ministerios no debe ser reducir simplemente el ámbito de control del primer mandatario. La teoría clásica de las organizaciones recomienda que éste no exceda de siete supervisados directos, pero en las teorías más actuales no se establece un límite. Todo depende del grado de autonomía de que gocen los supervisados, lo cual está relacionado con su capacidad profesional y su dominio del área a su cargo. La razón fundamental para fusionar ministerios debería ser la búsqueda de sinergias. Juntar áreas relacionadas de actividad de manera que el todo resulte mayor que la suma de las partes. Esto se puede lograr presumiblemente en los casos arriba mencionados.
Tengo mayores reservas acerca de la inserción del Conac y del Instituto Nacional de Deportes en el Ministerio de Educación. Este posee la mayor estructura burocrática de toda la administración pública y se corre el riesgo de que las áreas de cultura y deporte queden minimizadas en comparación. Además la cultura organizacional del Conac y del IND son muy diferentes a la del Ministerio de Educación. Es difícil encontrar un ministro con la formación y experiencia adecuadas para manejar acertadamente las tres áreas, por lo cual la selección recaerá normalmente en un candidato con credenciales en el área de educación, en desmedro de las de cultura y deporte.
Más delicada por sus consecuencias, es la fusión del Ministerio de Agricultura y Cría y el Ministerio de Industria y Comercio en el nuevo Ministerio de Comercio y Producción. Se puede argumentar que su integración genera sinergias, particularmente a través de la vinculación de la política agrícola con la de agroindustria y con la política comercial. Sin embargo, en el corto plazo la fusión plantea serias dificultades. El MIC fue reestructurado recientemente, reduciendo su personal de varios miles que tenía el antiguo Ministerio de Fomento a menos de quinientos por medio de una rigurosa selección. La cultura del MIC tiene una orientación hacia la competitividad y ha mantenido una relación bastante fluida con los sectores industriales, que ya han aceptado la necesidad de competir en mercados abiertos y solamente reclaman condiciones de igualdad frente a sus competidores.
En contraste, el MAC no ha sido reestructurado en largo tiempo y cuenta con más de seis mil empleados. Su relación con los productores agrícolas en bastante diferente a la del MIC con los industriales. La intervención del Estado en las actividades agrícolas es más profunda que en el área industrial no sólo en Venezuela sino en otros países. Los agricultores y ganaderos demandan protección arancelaria, subsidios y otros beneficios tanto aquí como en el exterior. La liberalización de comercio de productos agrícolas es un tema sensible en las negociaciones internacionales debido a la férrea oposición de los productores agrícolas europeos y estadounidenses. En Venezuela los productores del campo han enarbolado la bandera de la seguridad alimentaria para exigir mayores márgenes de protección. La Ley de Desarrollo Agrícola y las políticas del actual gobierno vienen a inclinarse en esa dirección.
A la larga, las negociaciones internacionales obligarán a la reducción del proteccionismo agrícola tanto en los países desarrollados como en aquellos en desarrollo, pero es innegable que existe un rezago considerable entre la liberalización del comercio de bienes agrícolas y el de bienes industriales. En consecuencia, no será fácil armonizar las políticas agrícolas con las políticas industriales sin perjudicar alguna de las dos áreas, o a las dos. Tampoco es fácil contar con un ministro de Comercio y Producción ducho en ambos campos, de manera que se corre el riesgo de que uno de los dos, sea el agrícola o el industrial, resulte postergado, así sea involuntariamente, por cuanto el ministro atenderá más de cerca el que le resulta más familiar. No en vano estas dos carteras se han mantenido separadas en la mayoría de los países.
Es comprensible la aprensión de los industriales y de los productores agropecuarios ante la anunciada fusión. Dada la delicada situación que enfrenta el aparato productivo en este momento y de la urgente necesidad de lograr la confianza de los empresarios e inversionistas para reactivar nuestra economía, parece imprudente proceder de inmediato a fusionar el MAC y el MIC. Como mínimo debe postergarse hasta tanto se hayan estudiado a fondo sus implicaciones y consecuencias.
Profesor de IESA
El Universal Digital, 5 de septiembre de 1999