Gerardo Blyde
Aquellos que antes eran minoría, que exigían respeto a sus derechos, convertidos hoy en mayoría gracias al liderazgo indiscutible del Presidente de la República y retroalimentados con ánimos retaliativos en una extraña relación entre un pueblo explotado que exige venganza y unos dirigentes políticos que pretenden ser los instrumentos de ella, decidieron intervenir al Poder Judicial y disminuir a su mínima expresión al Poder Legislativo. Olvidaron la humildad que debe tener el vencedor frente al adversario vencido. Han dedicado todos sus esfuerzos desde la Asamblea Constituyente a producir actos de gobierno violatorios de las bases comiciales que constituyen su mandato, y han venido desactivando por pedazos la Constitución vigente antes de que un nuevo texto sea sometido a consideración del pueblo para que tenga validez. Legislan, intervienen y concentran todo el poder con la convicción de que sus actuaciones no son revisables por ninguna entidad sobre la Tierra.
Esta actitud trajo la lógica reacción de los que hoy son minoría y se sienten avasallados. Con suma soberbia se amenaza a la Corte Suprema de Justicia con su disolucion definitiva si decidiere fallar en contra de algún acto de la Asamblea. Con esa misma soberbia se niega a los parlamentarios el acceso a su sede constitucional. Estos hechos producen el choque de fuerzas que hemos visto en días pasados.
Ante estos dos bandos, los nuevos fuertes que aplastan y los viejos ahora débiles que luchan por sobrevivir, existimos una gran cantidad de venezolanos que nos quedamos sin ninguna referencia. Nunca nos identificamos con los gobernantes del pasado ni con sus formas de hacer política y no tenemos ninguna responsabilidad por sus hechos, pero tampoco nos identificamos con la nueva forma de introducir los cambios, cambios de los cuales nos sentimos excluidos y en la medida que avanzan nos alejamos más de ellos.
No nos sentimos parte de ninguno de ellos. Somos una Venezuela distinta, que quiere dejar de ser mediocre, que pretende que en un futuro todos seamos ciudadanos dignos, con oportunidades de desarrollo personal y familiar, con un sistema educativo que eduque, con sistemas de seguridad y asistencia social del primer mundo. Somos aquellos que nos cansamos de pertenecer al tercer mundo.
Estamos cansados de los improvisados que han dirigido nuestros destinos con políticas de ensayo y error, para que entre cada ensayo y cada error retrocedamos más y nos vayamos hundiendo en la más absoluta desesperanza y la depresión colectiva. Pero solos, asilados cada uno de nosotros, es muy poco lo que podemos lograr. La democracia necesita de partidos políticos que se conviertan en cauces de participación de los ciudadanos. Los partidos modernos permiten la disidencia entre sus miembros, no les cercenan su libertad de pensar y, lo que es más importante, no imponen líneas partidistas a aquellos que logran cargos de representación. Se impone el voto de conciencia en sus actuaciones. A sabiendas del poco o casi nulo prestigio que tienen en nuestra patria los partidos políticos, somos de la convicción de que los necesitamos para organizar verdaderas alternativas de poder. Es por ello que pretendemos construir un nuevo movimientos sin los vicios de los viejos partidos puntofijistas que se repiten ahora en los nuevos partidos del puntochavismo.
Es necesario que dejemos de ser espectadores y comencemos a ser actores de nuestro propio destino, y es a través de esta nueva organización política que pretendo personalmente encauzar esa actuación. Es hora de que muchos de los que nos definíamos como parte de la sociedad civil, acépticos a los partidos, salgamos de las cúpulas de cristal impolutas en las que nos encontrábamos, nos organicemos y participemos en política. Basta de quejarnos. Los tiempos reclaman nuestra participación activa, nuestro aporte diario para modernizar a Venezuela. Por ello desde ahora estoy en un nuevo partido político
glyde@telcel.net.ve
El universal Digital, 2 de septiembre de 1999