Cambios conductuales

Pynchas Brener

La Biblia puede ser leída desde diversos niveles. Primero, está el significado literal del texto. Pero, en ocasiones, el autor divino se valió de libertades literarias, según la opinión del erudito Shubert Spero. Cuando las doce personas enviadas a espiar la tierra prometida sentencian: "las ciudades son grandes y fortificadas hasta los cielos". La expresión "hasta los cielos", es una obvia exageración para aludir a una altura extraordinaria.

Los primeros capítulos del Génesis cuentan la desobediencia de Adán y Eva y hacen referencia a la existencia de una serpiente que habla, razona e incita a Eva a la insubordinación. Coloca en el centro del jardín del Edén un árbol cuyo fruto permite el conocimiento del bien y del mal. Estos hechos y personajes exigen interpretación, porque ¿cuál podría ser el sentido de un fruto que permita diferenciar entre el bien y el mal cuando el ser humano fue creado con la capacidad de distinguir entre el bien representado por la palabra de Dios y el mal, la rebeldía que se manifiesta especialmente con la agresividad al prójimo? El jardín de Edén no pertenece al género de jardines que acostumbramos visitar.

Spero argumenta que mientras la inusual altura de las fortificaciones de las ciudades que visitaron los espías es una clara exageración, los sucesos del Jardín de Edén pueden interpretarse en varios niveles. El relato es seductor, pero, tal vez su propósito fundamental es la búsqueda de la raíz, el origen de la inclinación del ser humano por el pecado en vista de que su creador es un ser perfecto. El lector del texto bíblico tiene que entablar un diálogo con estos versículos para encontrar el sentido y la pertinencia personal a la narración.

Los detalles del relato de la creación inicial en el cual aparece la luz cuando el sol y las estrellas aún no habían sido creados, el vocablo "y Dios dijo" que se haga la luz, son expresiones que no explican el cómo y por qué de la creación, cuáles fueron los instrumentos y las sofisticadas teorías utilizadas para estos actos. Es posible que la ambigüedad de la Biblia se deba a una intención particular: su mensaje puede tener un significado diferente para cada generación que, a su vez, tiene que interpretar el texto escrito de acuerdo con los conocimientos científicos y la situación social de la época. Por ejemplo, si el universo es el producto de algún "big bang" originario, el caso de la luz original en la ausencia de los astros, podría haber sido el resultado de la enorme radiación cuyo efecto supuestamente se percibió recientemente, en 1964, como una evidencia de este suceso.

El Génesis empieza con la afirmación de que en el principio Dios creó el cielo y la tierra, o sea que en el primer instante todo fue creado. Luego se detalla el proceso de la creación a través de las expresiones: "y Dios hizo" "y Dios dijo", afirmaciones que sugieren que a pesar de que el universo contenía potencialmente el código de su desarrollo futuro, su porvenir estaba programado de antemano, sin que ello sea obstáculo para que, Dios intervenga ocasionalmente, "haciendo", "creando" y conduzca hacia algunos eventos excepcionales que producen hechos extraordinarios.

Una gran parte de las actividades humanas está enmarcada dentro de unos límites impuestos por la historia, por el ambiente social de la época, el cual es un producto a su vez de lo acontecido con anterioridad. Hay quienes opinan que si pudiéramos identificar todas las causas, conoceríamos de antemano los efectos, pudiendo predecir el futuro, con certeza.

En cambio, nuestra reflexión sobre el Génesis argumenta que incluso, bajo el concepto de que el mundo fue creado en el primer instante y que contiene un código preciso sobre el porvenir, existe un campo de acción para la intervención puntual. Los fenómenos naturales que consideramos excepcionales, tal como una posible colisión del planeta con un meteorito, es un evento capaz de alterar puntual y drásticamente el destino de la humanidad.

En el área social y en el mundo de la política, existen numerosos factores que determinan o que limitan el campo de acción. Sin embargo, con cierta periodicidad surgen los actores, el dirigente sorprendente y original que escapa el marco preprogramado, reinventa las relaciones entre los grupos sociales, altera el código tradicionalmente aceptado.

De acuerdo al calendario hebreo, este viernes de noche celebraremos Rosh Hashaná, el inicio del año 5760. La celebración de un año nuevo es una ocasión para la reflexión y el examen sobre el comportamiento personal, acerca de los logros y fracasos del período que culmina. Una visión que no incluye la posibilidad del cambio y del crecimiento personal impide el desarrollo emocional y espiritual.

El símbolo especial de esta celebración es el tono del Shofar, instrumento musical rudimentario confeccionado del cuerno de un animal y muy limitado en el sonido que emite, pero que tiene la, no obstante, capacidad de penetrar el alma, hace recordar que existen senderos alternos. Las vías para el cambio no son necesariamente complejas, un pequeño toque de timón puede ser suficiente cuando es precedido por una auténtica y valiente meditación acerca del comportamiento personal en el año que ha concluido.

El Nacional On-Line, 8 de septiembre de 1999