El oráculo del economista

Janet Kelly

Lamentablemente, nadie ha escrito todavía El oráculo del economista. Falta una guía breve de las que se guardan cómodamente en el bolsillo y se consultan en momentos de aburrimiento, cuando se espera en el odontólogo o se extienden los discursos en el Capitolio. Si existiera, sabríamos qué hacer para bajar la inflación, encoger el diferencial de intereses, multiplicar el empleo o revertir la caída del producto interno bruto más severa de la historia contemporánea. Parece más difícil recuperar la economía que refundar la República. En circunstancias tan graves como las actuales, a falta de oráculo bueno sería un coro de economistas con soluciones. Lo extraño es que una profesión tan talentosa para hacer críticas ruidosas se quede muda cuando se le piden soluciones concretas.

La primera crítica que se oye en los predios de los economistas es que al Gobierno le falta un plan <http://www.cordiplan.gov.ve/prog-ec-tr/programa.htm> . Jorge Giordani se queja de la injusticia del ataque y muestra su Plan de Transición; aunque, a decir verdad, allí se encuentra una descripción de la coyuntura y el planteamiento de metas, pero no un conjunto de acciones concretas que podría denominarse como plan. Para suerte de Giordani, sus detractores tampoco tienen un plan. Fedecámaras clama por el nombramiento de un zar y el ministro de Finanzas riposta —con una chispa de sarcasmo que nos da esperanzas con respecto a su carácter— que tales figuras no cuadran con la modernidad y la democracia. Además, diría yo, buscar un caudillo de la economía es otro ejemplo de la carencia de opciones de políticas específicas. Es como llamar a María.

Por muchos años escuchamos a la derecha tradicional pidiendo la reducción del Estado, la eliminación de la burocracia y el saneamiento de las finanzas públicas. Ahora los empresarios se quejan de la restricción del gasto público y de los aumentos de impuestos. La izquierda lamentaba las propuestas de reforma de la seguridad social porque no solucionarían las carencias de los trabajadores informales; ahora no saben qué hacer, porque no encuentran los recursos necesarios en el presupuesto público para ofrecerle salud a quienes no aportan al sistema. La Oficina de Asesoría Económica del Congreso (sí, queridos lectores, ¡del Congreso de la República <../congreso/index.htm> !, que tiene casi más asesores económicos que asesorados) pide mejores esfuerzos por suavizar la volatilidad del ingreso petrolero con gastos compensatorios, pero su tarea en este momento no es elaborar planes alternativos.

¿No serán Menem, Cardoso y Fujimori los oráculos verdaderos de este Gobierno, sugiriendo en privado atacar la inflación frontalmente, aprovechando la luna de miel política para hacer lo que no sería posible más adelante? ¿Habrán soplado al oído de Chávez <../hchavez/default.asp>  que la lucha contra la inflación no se gana con estímulos artificiales a la economía y que hay que resistir la presión de quienes piden déficits inorgánicos? ¿Habrán recomendado igualmente ignorar los lamentos de los devaluacionistas, a cualquier costo? Quietecito, parece que el Banco Central <http://www.bcv.org.ve>  ha entendido bien el problema y trata de jugar su rol discretamente, mientras que ciertos economistas lanzan críticas para calificarse entre los candidateables para la próxima ronda de nombramientos (pero pianissimo, para no confundirse con la oposición dura al chavismo). El Gobierno evita anunciar un plan porque cualquier proyecto explícito y sincero sería sometido a ataques descarnados. Nadie quiere llamarse «paquetico» y todos reconocen que la economía es un campo minado hasta que aparecen señales de recuperación.

Puede ser que la política económica actual, de baja intensidad y poca definición, es precisamente la que recomendaría el oráculo del economista: disciplina fiscal, reforma de instituciones, aprobación de nuevas leyes regulatorias y evitar grandes programas de intervención de la economía en busca de resultados instantáneos. El proyecto de constitución de Chávez <../hchavez/proyecto_constitucion.asp>  ayudó a tranquilizar los ánimos empresariales. Claro, a lo mejor, el oráculo diría que no es un buen momento para emprender conflictos innecesarios ni para sacudir todas las instituciones simultáneamente, menos aún una tan medular como Pdvsa <http://www.pdv.com> . Probablemente aconsejaría echar una mirada hacia los inversionistas extranjeros antes de tomar decisiones importantes. Seguro que vería con buenos ojos los pasos para negociar con los banqueros y sugeriría hacer lo mismo con los constructores, porque se necesitan algunos aliados en tiempos tan difíciles. Y, viendo hacia el futuro, el oráculo también podría advertir que el año que viene será diferente. Al terminar la luna de miel y apagarse las emociones de la revolución, la audiencia pedirá resultados y el Gobierno va a tener que ofrecer soluciones.

E-mail: jkelly@newton.iesa.edu.ve
El Nacional del 9 de setiembre de 1999