Krugman y la Política Económica Venezolana
Luis R. Morales
En una reciente entrevista realizada al profesor Paul Krugman por el El País, diario español, decía el entrevistado que "Europa necesita más inflación". Esta afirmación ha dejado a más de uno sorprendido y preocupado, debido a que Krugman es considerado según la revista británica The Economist "como uno de los economistas más influyentes de nuestra época". Dada la crítica situación coyuntural que atraviesa la economía venezolana, no está demás analizar algunos aspectos relevantes de estas declaraciones que pueden ser vistos como "bandera" por algunos intervencionistas exacerbados.
Entre los varios temas tratados en la entrevista, Krugman considera que la crisis financiera global aún no ha sido superada, y afirma que "se ha demostrado que algunas crisis monetarias no acaban en todas partes en una catástrofe". Esto en Venezuela, podría ser considerado por algunos como un signo de esperanza, dado el actual refinanciamiento de la deuda externa que se está realizando.
Sobre la situación de la economía norteamericana el otoño pasado, cuando se generó una salida de inversiones durante un par de semanas y se presentaron problemas de liquidez y de aparente paralización de los mercados financieros de ese país, Krugman cree que la intervención de la Reserva Federal reduciendo las tasas de interés tres veces fue "heroica", pues tranquilizó al mercado y evitó lo peor. Para reafirmar esta última posición, dice que la primera lección a aprender de la crisis asiática por los países industrializados es que, cuando hay amenaza de recesión, se deben reducir los tipos de interés a tiempo, pero que para ello se debe disponer de suficiente margen hacia abajo. La otra lección, que si considera válida para los países en vías de desarrollo, es que, o bien se establecen límites al endeudamiento externo, o se instrumenta una política de controles a la entrada de capitales, no tan fuertes como los implantados en Malasia, pero que permitan limitar parcialmente la movilidad de los inversionistas internacionales.
Obsérvese que Krugman diferencia de manera muy precisa sus recomendaciones para diferentes tipos de economía, de modo que a nosotros nos toca la segunda lección (por lo menos hasta que resolvamos el problema de la deuda externa y su peso relativo en el presupuesto (tanto la amortización de capital como el pago de intereses). Y es que la propuesta de reducir las tasas de interés artificialmente no es una locura (a menos que Krugman esté mal de la cabeza), pero no va a resolver el problema mientras ello no vaya acompañado de un conjunto de medidas referidas a políticas de ingreso, privatizaciones, cambiaria, fiscal, petrolera y social. Además, algunos de los componentes que forman o afectan los niveles de tipos de interés en Venezuela, como el aporte a Fogade y a Sudeban, y el encaje legal, no dan mucho margen para reducir las tasas. Hasta ahora solamente tenemos señales claras de las tres últimas políticas (fiscal, petrolera y social), porque se ha mantenido una posición ortodoxa en cuanto a la reducción del gasto público, se ha logrado un acuerdo internacional para reducir los niveles de producción de crudo y se están ejecutando políticas en el sector educativo (además de la creación del "Banco del Pueblo"). En cuanto a los controles de capitales, ya tenemos suficiente experiencia en Venezuela con RECADI y con la Junta creada en el gobierno anterior.
Volviendo a Krugman, para él, precisamente la falla que tuvo Japón en el manejo de su crisis económica, fue el decidirse demasiado tarde a reducir las tasas de interés. Propone como solución que el gobierno japonés aumente la oferta monetaria, es decir, que imprima mucho dinero, de manera que se genere una inflación artificial. Pero es que en Japón se está desarrollando un fenómeno de deflación, por lo que los agentes económicos están incrementando sus ahorros esperando que los precios continúen descendiendo. Con una política monetaria como la planteada, los precios volverían a subir y la gente estaría dispuesta a gastar de nuevo su dinero. En Venezuela la situación es muy diferente, las expectativas de inflación oficiales son poco creíbles y se están cumpliendo las metas gracias a la fuerte caída de la demanda, con consecuencias desastrosas en términos de desempleo. La gente no está esperando para comprar más tarde, sino más bien compra cuanto puede cuando le entra un dinerito adicional, antes que se encarezcan aún más los bienes.
El entrevistado opina que Europa no está excluida de la aplicación de una medida como la planteada al país asiático. Está persuadido que las reformas estructurales, tributarias o sociales, son muy bonitas en el papel, pero que, mientras la demanda continúe en descenso, esas reformas serán de poca utilidad, sobretodo en la lucha contra el desempleo. Por eso se atreve a decir que el Banco Central Europeo debe reducir las tasas de interés aún más para fomentar la demanda y que además debe establecer una política labora más activa, aunque ello implique cambiar la inflación objetivo, proponiendo un índice similar al de la Reserva Federal, que es de 2%. Esto está muy relacionado con lo comentado anteriormente respecto a la necesidad de instrumentar un conjunto de políticas, no "una política", de manera que se ataquen todos los frentes al mismo tiempo. El proceso de reforma constitucional es una realidad, y como tal hay que aprovecharla para formular un marco económico donde se respeten los derechos de propiedad, donde se promueva y se potencie la libre iniciativa privada antes que la sobreprotección estatal y donde se garanticen las reglas del juego en términos de seguridad jurídica para las inversiones. Pero no se deben descuidar variables económicas tan importantes (además de tener alta sensibilidad social) como el desempleo, que está llegando a niveles similares a los observados en Europa y Argentina, de modo que una política laboral activa pudiera ser importante, pero no una política de volver al viejo régimen de prestaciones sociales que incrementa los costos para los empresarios y los desincentiva a generar empleo, ni tampoco una política que ultraliberalice el mercado laboral. Se trata de aplicar medidas que permitan reducir el desempleo y elevar la calidad de vida de los trabajadores sin desmedro del sector empresarial, y esto nuevamente está conectado con un marco institucional adecuado y inspire confianza, estabilidad.
La economía venezolana tiene aún mucho que dar de su inmenso potencial, pero si no propiciamos el entorno adecuado, será como tener un Ferrari y querer ir a alta velocidad, pero teniendo sólo la carretera vieja de La Guaira para circular.
Programa de Doctorado en
Economía Teórica
Universidad Autónoma de Madrid
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