Activistas contra el avance de la ciencia
Henry I. Miller
(AIPE).- Con cierto éxito, especialmente en Europa, los activistas en contra de la biotecnología tratan de convencer al público que los productos desarrollados con ingeniería genética son contranaturales y peligrosos.
Un representante del grupo ambientalista Greenpeace asevera que estamos "destapando amplias epidemias de múltiples especies que serán imposible de controlar". Otro opositor de la biotecnología insiste que unos experimentos de microorganismos inofensivos, para evitar que las cosechas se quemen con el frío, alterarán el clima del mundo.
Temerosos ante esas campañas de falsedades, Novartis AG, la firma suiza propietaria de los alimentos Gerber, y también la H. J. Heinz de Pittsburgh anunciaron un boicot contra todos los ingredientes que utilizan ingeniería genética. En el Reino Unido, varias cadenas de supermercados también han desalojado de sus anaqueles los productos genéticamente mejorados. En otras palabras, los productores y vendedores de alimentos han tomado decisiones basadas en la percepción del público, a pesar de que los alimentos en los que se ha utilizado la ingeniería genética suelen ser más seguros y nutritivos.
Por varias décadas los reproductores de plantas y los agricultores han utilizado la ingeniería genética para incrementar la sofisticación de sus procedimientos. En el último medio siglo, la genética y la microbiología conjuntamente han creado microorganismos valiosos, multiplicando cien veces, por ejemplo, los hongos de la penicilina.
Otros microorganismos han sido mejorados para producir más alimentos, bebidas, detergentes industriales, antibióticos, solventes, vitaminas, aminoácidos, esteroides y vacunas. Algunos de los mejores resultados de la ingeniería genética han sido logrados en la levadura por empresas cerveceras como Guinness, Anheuser-Busch, Kirin y Bass.
El más común e importante uso de la ingeniería genética ha sido en la vacunación de humanos y animales. Tipos de virus genéticamente debilitados se han utilizado por décadas para prevenir las paperas, el sarampión, la rubéola, la viruela, la poliomielitis y la malaria.
La introducción de la vacuna producida por la ingeniería genética contra la hepatitis tipo B, en 1986, ha reducido la incidencia de esta grave enfermedad del hígado en 70%.
Desde los años 30, se utilizan plantas híbridas que traspasan genes de una a otra especie y ninguna de estas nuevas plantas, más productivas, existirían hoy en la naturaleza. Tanto en Europa como en nuestro hemisferio, se consumen variaciones genéticas de la avena, tomates, papas, pasas, trigo y maíz que no tienen que pasar ningún escrutinio gubernamental ni llevan etiquetas diferentes.
La ingeniería genética es el uso de técnicas moleculares para combinar pequeños retazos del ADN de diferentes organismos, lo cual ha refinado los métodos de quienes desarrollan nuevos tipos de plantas, permitiéndoles identificar y transferir genes específicos, con características deseables. Ahora es posible trasladar material genético seleccionado desde casi cualquier fuente natural, aumentando considerablemente el material disponible para aumentar la productividad de las cosechas, como también se ha aumentado la precisión y la confiabilidad en pronosticar el proceso. ¿Podría la introducción de un sólo gene de un patógeno conocido (un organismo que causa enfermedades) en otro organismo benigno convertir a éste último en patógeno? Eso es muy poco probable porque, en realidad, es extraordinariamente difícil y complejo que un organismo produzca alguna enfermedad.
Un patógeno tiene que poseer tres características generales, cada una de las cuales consiste en múltiples genes. Primero, tiene que sobrevivir y multiplicarse en el cuerpo anfitrión. La temperatura y el ambiente químico tienen que serle favorables. El patógeno tiene que poder adherirse cierta superficie específica del anfitrión y alimentarse de nutrientes allí. Segundo, el patógeno tienen que resistir o escapar al mecanismo defensivo por suficiente tiempo para reproducirse en cantidad suficiente para producir la enfermedad. En los humanos, los patógenos confronta enzimas, anticuerpos y varias células defensoras. Tercero, el patógeno tiene que sobrevivir fuera del anfitrión. Así es que la probabilidad de crear inadvertidamente un organismo capaz de producir un problema médico o agrícola es prácticamente cero.
Sin embargo, mucha gente cree que esta nueva tecnología es inherentemente peligrosa, de la misma manera que en otras épocas la gente se oponía a las transfusiones de sangre, se creía que se electrocutarían si hablaban por teléfono y creían que la vacuna contra la viruela crearía monstruos. La ingeniería genética se convertirá en la norma y técnicas anticua.
Médico y académico investigador del Hoover Institution
Universidad de Stanford; autor del libro
"Policy Controversy in Biotechnology: An Insider's View".