Estamos en un berenjenal

Oscar García Mendoza

La mayoría de las personas que leen estos artículos están de acuerdo en que la situación que vivimos, tanto económica, como política y social es de extrema gravedad. Bastan los titulares de los periódicos o peor aun oír el clamor de la gente para entender que todo no solamente va muy mal sino que aceleradamente se está poniendo peor.

Pero hay un grupo enorme de gente convencidos por tantas promesas, la evidente ineficiencia de los gobiernos y la rampante corrupción, que esperanzados en un liderazgo carismático, esperan la pronta mejoría de su situación, aun cuando lo que está sucediendo sea cada día peor.

Las cifras macroeconómicas no tienen porque ser entendidas pero si son sentidas. La inflación se sufre, el desempleo se sufre, la caída del producto interno bruto se sufre. Nunca el desempleo había sido tan alto. Nunca la recesión tan brutal. Pero los seres humanos tenemos una inmensa capacidad de autoengaño. ¿Cuántas personas en graves dificultades no esperan un milagro?. Así está Venezuela. La mayoría tiene unas ganas inmensas de sanar males sufridos desde hace décadas y se ha puesto en manos de un gran comunicador, de un "curandero", con la esperanza de que hará mejorar todo y rápidamente.

Lamentablemente lo que se está haciendo en los campos económicos y políticos no hará otra cosa que empeorar lo que ya estaba mal. Quienes hoy gobiernan interpretaron a la población y la convencieron de que podían cambiar la situación con su llamada "revolución pacífica". Su éxito quedó demostrado en las elecciones. Llegados al poder todo cambia. En lugar de ser señalizadores de lo malo, les corresponde el papel de constructores. Tienen la tarea de administrar el gobierno, de forma tal, que en el más corto plazo desaparezca la corrupción, baje el desempleo, suba la inversión, se reduzca la inflación, crezca la economía, se reordene el Estado en beneficio de todos. En la denuncia, en la acusación, en la provocación, tuvieron un gran éxito, acabados los enemigos la situación es distinta: deben construir para todos.

Con todo el poder en sus manos las cosas continúan tan mal como antes, pero además siguen utilizando los mismos mecanismos de negociación de los últimos 40 años. Si no encuentran rápidamente el camino del crecimiento económico, que es el único para solucionar la pobreza y reducir las desigualdades, probablemente recurrirán a lo que en el argot de las crisis bancarias se llama la huida hacia delante: al realizar el grave estado de la economía, que ocurre por propia responsabilidad del gobierno, comenzarán a tomar medidas cada vez más improvisadas e ingenuas y por ende más dañinas.

La mayoría parece que todavía no alcanza a entender que nada se está arreglando, que lo que estaba mal continúa empeorando y que se sigue utilizando el mismo sistema de arreglo de conflictos. Estamos metidos en un verdadero berenjenal.

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