Alberto Sotillo
La presidencia de la UE castiga a España por su belicosidad en la guerra de lenguas. Quiere que en la próxima reunión de ministros de Educación haya traducción al alemán, inglés, francés e italiano, pero no al español. Ante esta situación, Alemania se mantiene en sus trece y España e Italia intentan conseguir los mismos privilegios.
España se encuentra en una delicada situación en la guerra de lenguas provocada por la ofensiva germana para imponer el alemán en todas las reuniones de la UE. La presidencia findlandesa quiere que en la próxima reunión informal de ministros de Educación haya traducción al alemán, al inglés, al francés y al italiano, pero no al español. Una forma de castigar a nuestro país por su belicosa defensa de la lengua de Cervantes en la UE. El ministro de Exteriores, Abel Matutes, no quiso amenazar abiertamente, pero insistió en que las espadas siguen en alto.
GOETHE-CERVANTES
A primera vista parece una guerra menor, ya que en las reuniones formales de los Quince hay traducción a las once lenguas de la UE y, en apariencia, ahora sólo se debate si, en las denominadas reuniones «informales», el inglés y el francés serán los idiomas de trabajo o si el alemán tendrá también esa categoría. Pero la batalla se plantea para después de la ampliación. Se teme que, tras la entrada de nuevos socios del Centro y Este de Europa, se intente simplificar y limitar los idiomas detrabajo al francés y el inglés, o al inglés nada más. De cara a ese momento, Alemania toma posiciones e impone su lengua como hecho consumado; y España e Italia contraatacan y piden que, si hay privilegios para la lengua de Goethe, éstos se apliquen también a las de Cervantes y Ariosto.
Ni Alemania cedió ayer un ápice, ni España e Italia se movieron un milímetro. «Estamos donde estábamos», afirmó Matutes tras la discusión. El ministro no planteó directamente la posibilidad de que nuestro país boicotee las futuras reuniones informales de ministros: «No es procedente empezar amenazando», dijo, pese a las turbias perspectivas que se ciernen para la reunión informal que mantendrán los ministros de Educación. Aunque fuentes diplomáticas insisten en que se mantiene la advertencia y en que incluso se barajan medidas más agresivas.
REUNIONES INFORMALES
Se plantea a este respecto la posibilidad no sólo de boicotear futuras reuniones informales, sino también la de aplicar el veto en la elaboración de los presupuestos para bloquear las partidas destinadas a los servicios de traducción. Una medida extrema que podría repetirse en cualquier otro ámbito en el que entre en danza la guerra de lenguas.
Italia también amenaza con pasar al ataque si se intenta oficializar el uso del alemán en las reuniones informales. Admite que haya traducción a la lengua de Goethe a título excepcional, cuando los representantes alemanes no hablen inglés o francés. Nada más. Y aunque Francia calla, anda también con mucho cuidado, pues teme que se termine proponiendo el uso del inglés nada más. De esa forma, se encontraría en una posición de privilegio un solo país y una sola lengua, pero no tres. Sería un mal compartido, pero podría presentarse como una solución menos discriminatoria.
El País, 14 de septiembre de 1999