Al autor de «Cien años de soledad» le quedan muchos más

Trinidad de León-Sotelo

Carmen Balcells, agente literaria de Gabriel García Márquez, le quitaba ayer connotaciones trágicas a la enfermedad del escritor. Con voz contundente dijo a ABC: «Gabriel se encuentra en su casa de México escribiendo sus Memorias y tomando algunas precauciones médicas para sus achaques». Al manifestar su interlocutora la natural alegría, Balcells fue rotunda en las palabras que moduló con risas: «No concibo la vida sin Gabriel García Márquez. El día que se sepa que me he suicidado deberá entender que él está mal». Otros amigos del escritor hablaron para este periódico.Carlos Fuentes, íntimo amigo de García Márquez, hablaba desde Londres sobre la enfermedad del escritor colombiano, pero se sorprendía al conocer que el diagnóstico había sido desvelado, ya que cuando el autor de «Noticia de un secuestro» enfermó hace meses, familiares y amigos decidieron llevar la preocupación en el mayor de los secretos. En esa actitud discreta se mantiene Fuentes que comentó que «se trata de respetar la privacidad de un asunto íntimo que afecta a una persona muy querida».

LOS PASOS DEL DESCONSUELO

No es, efectivamente, agradable hablar de temas que provocan aflicción, pero Ricardo Cavallero, consejero delegado de Grijalbo Mondadori, (la editorial ha publicado en España los dos últimos títulos del creador así como cuatro volúmenes de la biblioteca que le dedica. Tiene en preparación el quinto tomo de su obra periodística, «Notas de Prensa», para antes de Navidad), frena los pasos del desconsuelo. «La pena no tiene que ser tanta», dice. Y da motivos similares a los de Balcells, Gabo se encuentra en su casa mexicana escribiendo y su estado de ánimo es muy bueno. Habla del futuro: « Nosotros estamos gestionando a medio plazo la participación del escritor en la Feria del Libro que se celebrará en Cuba a últimos de febrero o comienzos de marzo próximos, y en la que será el foco de atención en un marco tan excepcional como el Morro de La Habana. Alvaro Mutis, amigo del alma del enfermo, ha sido el más remiso a la hora de hacer comentarios. Sabida es la vinculación entre los dos escritores. Mutis, también colombiano, acogió en su casa de México al autor de «Cien años de soledad», cuando el novelista escribía la obra que le dio fama y prestigio mundiales. Ahora se limita a manifestar que su amigo «está interesado en sus cosas» y se niega a comentar si lo ha visitado. La amistad cobija a Gabo.

El País, 14 de septiembre de 1999