¿De qué se trata todo esto?
Toda esta turbulencia política, ¿adónde nos lleva? Según Carlos Canache Mata, presidente de Acción Democrática, a mayor concentración de poder y autoritarismo; y para Tarek William Saab, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Constituyente, a una democracia más participativa y de los ciudadanos
Tarek William Saab
Las corrientes de los ríos se bifurcan y sus cauces a pesar de los tropiezos avanzan superando las piedras y el pie de monte, así hasta llegar finalmente al mar. La historia es semejante a las aguas, un proceso interior de rupturas, contradicciones y desafíos que impacta hondamente a los pueblos que luchan por conquistar su liberación interior.
El proceso revolucionario que vivimos hoy en el país, fundó sus raíces en el albur del 23 de enero del 58. Los sueños de millones de venezolanos (representados en las jornadas que impulsó la Junta Patriótica, junto a los factores civiles y militares que derrocaron a Marcos Pérez Jiménez) se vieron -muy a pesar de los esfuerzos del movimiento popular- prontamente estafados. Una clase política que poco arriesgó en la lucha clandestina, pero que hizo del exilio dorado su mejor frente de batalla, diseñó bajo las sombras del Pacto de Punto Fijo una de las más férreas partidocracias que haya conocido el continente; de la mano del bipartidismo adeco-copeyano las instituciones fundamentales de una democracia como lo son el Poder Judicial, el Poder Legislativo, la Fiscalía, la Contraloría, los cuerpos de seguridad del Estado, los poderes locales y municipales de intermediación con la sociedad, fueron progresivamente deslegitimándose hasta su derrumbamiento final. Así las cosas, hablar entre nosotros de respeto a los derechos humanos y realización de los postulados de nuestra carta magna, se fue transfigurando por la vía de los hechos en una vasta y prolongada oración fúnebre que en los hombros del proyecto puntofijista, significó percibir casi 500 millardos de dólares durante cuatro décadas de renta petrolera (suficientes para hacer de Venezuela una nación emblemática en la protección y desarrollo de sus derechos colectivos como educación, trabajo, salud, vivienda, seguridad social y recreación), pero que la desvergüenza e inmoralidad de los "padres de la democracia", convirtió más bien en 80% de hambre, miseria y desolación. Revertir radicalmente ese fatal paisaje, es nuestro mayor desafío.
II No ha sido fácil el tránsito a la contundente victoria de Hugo Chávez el pasado 6 de diciembre. Los antecedentes inmediatos de la rebelión de la pobrecía el 27 de febrero de 1989, con el consecuente saldo trágico de vidas truncadas y hogares para siempre destruidos (gracias a la orden presidencial de "disparar primero y averiguar después" impartida por un avezado discípulo de Betancourt) fueron sin dudas, el detonante de las insurgencias militares del 4-F y el 27-N, verdaderas claves para comprender en su justa dimensión el proceso de cambios que se ha potenciado en nuestro país desde el mismo 2 de febrero de 1999, fecha en que el presidente Chávez firma el decreto de convocatoria a referéndum constituyente. Lo que hemos vivido posteriormente ha sido intenso y enriquecedor, el proceso constituyente venezolano se ha vertebrado desde el comienzo de una faceta verdaderamente democrática, inusual en nuestro pasado: al fructífero proceso de consultas con la comunidad nacional, para redactar las bases comiciales aprobadas el 25 de abril en un referéndum sin precedentes en nuestra historia republicana, prosiguió el acto eleccionario de la Asamblea Nacional Constituyente el 25 de julio. Instalada la Asamblea el 3 de agosto, nuestro esfuerzo se ha centrado a través de las distintas comisiones de trabajo, en sentar las bases jurídicas, políticas y culturales de una nueva institucionalidad que sustituya definitivamente al sistema colapsado por la dictadura puntofijista y eche a andar de cara al nuevo milenio la democracia de ciudadanos, participativa y protagónica que garantice el cumplimiento de los sueños de millones de venezolanos que hoy nos acompañan en esta titánica tarea, no otra que hacer posible el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias.
Una parte importantísima de nuestra vida, la hemos dedicado al mandamiento de esa utopía. Por primera vez, sentimos posible la realización de ese sueño.
El Nacional, 12 de Septiembre de 1999