El Estado es el Estado y Pdvsa es Pdvsa

Juan Carlos Sosa Azpúrua

L os recientes cambios en Pdvsa no asombran.

Por ahora, y hasta que el pragmatismo triunfe, iluso es pensar que la izquierda gobernante respetará los principios que sustentan negocios como los de la industria de los hidrocarburos.

El nombramiento de Héctor Ciavaldini como presidente de Pdvsa es natural y lógico.

Ciavaldini, miembro del grupo Garibaldi y otrora colaborador de Jorge Giordani, es leal a la causa ideológica de Hugo Chávez Frías y por tanto es digno representante de este nuevo escenario político, consecuencia directa de la particular manera de vivir y gobernar desde el siglo XVI hasta el presente, de los dirigentes venezolanos.

No obstante, es imprescindible recordar los principios fundamentales que deben considerarse cuando se trata de Pdvsa.

La función de la industria de los hidrocarburos es la de generar la mayor riqueza económica posible para ser reinvertida en sus propias necesidades mercantiles y para beneficio directo de su accionista.

Los gerentes petroleros deben ser profesionales orientados exclusivamente hacia el éxito de la corporación. Por razones evidentes al ejercicio del cargo, al presidente de Pdvsa no le corresponde velar por la miseria de Venezuela y mucho menos ejecutar medidas para resolverla.

Al líder de la corporación petrolera lo único que le compete para cumplir con su trabajo, y servir apropiadamente a los intereses de su accionista, es el balance anual que refleja el rendimiento financiero de la empresa.

Pese a las mejores intenciones que se tengan, el desvío de este objetivo cambia el rumbo de la corporación, dirigiéndola a su quiebra y pérdida. Poco podría Venezuela favorecerse con este destino.

Hugo Chávez Frías y Héctor Ciavaldini, el primero con sus acciones y el segundo con sus declaraciones preliminares al ser nombrado presidente del ente petrolero, parecen incomprender la naturaleza de sus cargos, confundiéndolos con el uso de hermosa retórica, frases como pobreza y conciencia social, que lamentablemente, lejos de resolver la crisis actual de Venezuela y Pdvsa, la empeorará.

Como presidente de la República, Hugo Chávez debe velar por la sana administración de la Hacienda Pública Nacional, orientándola eficientemente hacia la solución de los graves problemas de educación, salud, seguridad, justicia y servicios públicos generales que a diario castigan la paciencia y dignidad de los venezolanos.

Por su parte, Héctor Ciavaldini tiene la obligación de comandar a Pdvsa hacia importantes éxitos mercantiles a nivel mundial y generar la mayor cantidad de divisas que permitan robustecer al Fisco Nacional con el pago de impuestos, permitiéndola a Chávez cumplir su misión de acabar con la miseria de la nación.

En este sentido, cuando Ciavaldini declara, tal y como hizo al ser nombrado presidente de Pdvsa, que la corporación petrolera es una empresa de primer mundo en un país de miseria, Ciavaldini está en lo correcto.

No obstante, el error del nuevo presidente de la corporación petrolera reside en su pretensión de acabar con dicha miseria utilizando a Pdvsa para ello.

Ni es esa la función del presidente de Pdvsa, ni la corporación debe ser orientada hacia ese fin.

Un daño sin precedentes le haría Ciavaldini a Venezuela, si en lugar de asumir una actitud de moderno convencido capitalista, preocupado por balances y resultados financieros, pretende asumir el papel que le corresponde a Hugo Chávez Frías como presidente de la República.

Asimismo, el presidente de la República ocasionaría gravísimos daños al país, si en vez de asumir su deber de estadista, preocupado por resolver los macro asuntos socioeconómicos de Venezuela, usurpa funciones que no le pueden corresponder y pretende controlar las decisiones internas de Pdvsa, cuya naturaleza intrínseca es mercantil y en nada puede asimilarse a la de un organismo público del Estado.

Las enormes cantidades de dinero que han entrado a Venezuela en los últimos años pudieron hacer mucho bien para el combate de la miseria y el desarrollo de la nación. Lamentablemente, dichos fondos fueron mal administrados por los gobernantes del sector público. No obstante, Pdvsa ha cumplido bien con su responsabilidad de generar tales recursos financieros.

El problema no reside, ni hoy ni ayer, en Pdvsa sino en el Gobierno. Por lo tanto, se debe modificar la manera de gobernar al país y no la ideología de Pdvsa.

Es más lógico transformar a un miserable país en una nación de primer mundo, que a una empresa de primer mundo en un ente miserable.

Cada quien a lo suyo. Chávez y Ciavaldini deben utilizar las habilidades personales que les colocaron en las posiciones que detentan para actuar de acuerdo a la naturaleza propia de cada una de sus funciones administrativas.

Confundir dichos deberes solamente causaría más miseria para todos los venezolanos, lo que sencillamente es absolutamente intolerable.

El Universal, 12 de Septiembre de 1999