Claudio Fermín
He criticado el distraccionismo de Chávez en debates adjetivos, en viajes innecesarios, en una fastidiosa rutina de promoción personal disfrazada de información a la comunidad. Cuestiono el clientelismo militar. Ha equivocado su rol y, en vez de asumir las obligaciones de gerente público, cree que le va bien ser el primer agitador del país. Poco se ha hecho para reactivar el aparato productivo y brindar fuentes de trabjao a un pueblo urgido de salir de la pobreza.
Sin embargo, no comparto la tesis de que estamos ante un Gobierno autoritario que pretende conculcar las libertades públicas, exterminar a la disidencia y liquidar los derechos humanos. Estas afirmaciones le causan al país lesiones similares a las que provienen de la agresividad presidencial y del aparatoso lenguaje de ofensas con que algunos dirigentes políticos se refieren a sus competidores.
Quienes alcanzaron la victoria representan al Gobierno y su obligación es dar respuesta eficiente a los reclamos de las comunidades abandonadas, su herramienta es la modernización del aparato del Estado y la profesionalización del servicio público. La avenida a tomar es la del crecimiento económico, para lo cual el establecimiento de un clima de confianza es prerrequisito esencial. Pero se han extraviado en un insulso festín verbal para ver quién agrede con mayor ferocidad a los representantes 'del pasado'; actúan con prisa declarativa pero con lentitud gerencial. Se pueden contar con los dedos de una mano las decisiones administrativas importantes que se han tomado en estos meses. Subestiman a la nueva Constitución como detonante de los cambios económicos, políticos y sociales. Prefieren desgastarse en una acción política al detal, que asume día a día, de manera inconexa e improvisada, la acción de gobierno a través de las llamadas emergencias.
De otra parte, quienes han sido desplazados, no mediante un golpe militar o la brutal acción de una dictadura en ejercicio, sino con los votos del pueblo, que cansado estaba de sus corruptelas, su indiferencia con los problemas del común y su ineptitud, fueron echados del poder con la intención de no verlos regresar jamás. Pretenden ignorar este hecho histórico y adjudicar la culpa a una supuesta agresión dictatorial que ahora comenzaría a tomar cuerpo. Su rudimentaria estrategia sólo les da para jugar al fracaso de Chávez.
El proceso constituyente se ha tornado conflictivo por lo agrio del lenguaje, por las enemistades personales que conducen al pase de unas cuantas facturas por cobrar, por una atmósfera de aislacionismo que abre los caminos a un sistema de segregación en el cual se prescinde de la convivencia democrática. Es conflictivo porque, en mala hora para Venezuela, los radicales, por la mera confrontación externa, pero no porque vayan a la raíz de los asuntos, lideran el gobierno y la oposición.
El presidente, la Asamblea Nacional Constituyente, el Congreso, los gobernadores y alcaldes, fueron electos por la voluntad popular. Las deliberaciones de la Asamblea se efectúan bajo un régimen de libertad y de abierto debate. El trabajo está distribuido en comisiones en las que se expresa la participación intensa de los constituyentes, lo cual es contrario a la concentración de poderes que, según sus detractores, prevalece. Los conflictos que se han generaado, como por ejemplo con el Congreso, se resuelven a través del diálogo, de los acuerdos, de la intermediación de terceros, y los resultados están a la vista: se ha logrado una coexistencia digna. En un régimen autoritario no hay diálogo, no hay debate, no hay manifestaciones ni protestas, el poderoso aplasta al disidente. Nada de eso ocurre en Venezuela.
Por tanto, ya basta del cuento de la dictadura. Lo que Venezuela necesita es recetar un ayuno declarativo a tanto agitador ignorante, quienes parecieran no estar al tanto de la lesión que causan a la economía, a la estabilidad y al ánimo del país. Venezuela necesita críticos del Gobierno que construyan una alternativa, no que la saboteen. Venezuela necesita un Gobierno que administre con seriedad y no que agreda.
La imagen y el futuro de Venezuela es compromiso de todos y por ello me aferro a un nuevo modo de hacer política.
claudiofermin@hotmail.com
El Universal, 12 de Septiembre de 1999