Andrés Sosa Pietri
Venezuela esto ya es un lugar común posee los elementos para convertirse en una nación 'primermundista'. ¡Y en menos de una generación! Pero se necesita para conseguirlo, el que nos despojemos de los dogmas, los mitos y los prejuicios, que nos atan las manos.
Nosotros, en efecto, con algo de imaginación y voluntad, podríamos poner en marcha, casi de inmediato, las tres 'locomotoras' de nuestro crecimiento económico: el petróleo, la infraestructura y el turismo. ¿Cómo? En lo que atañe al petróleo, devolviendo a Pdvsa sus autonomías. Pdvsa debería reemprender, sin demora, un vigoroso programa de captación directa de mercados, acompañado de más producción y refinación para servir a los mercados conquistados. La empresa, para garantizar la continuidad de sus programas, debería ser transformada en una empresa pública por acciones de Derecho Privado; reteniendo el Estado la acción dorada del control sobre las decisiones fundamentales, claro está.
El fruto de la colocación de acciones de Pdvsa en los mercados, se usaría, en primer lugar para pagar la deuda pública, la externa no reestructurada y la interna; y el resto de los recursos, en complementar el financiamiento de los planes de Pdvsa. La autorización de colocar públicamente acciones de Pdvsa habría de estar ligada a una norma, de rango constitucional, que limitara la capacidad de endeudamiento del Estado, a un porcentaje del PIB. Evitaríamos así que la deuda, que pagamos hoy, se reproduzca mañana.
Al pagar casi toda la deuda pública, liberaríamos más del 35% de los fondos del presupuesto del Gobierno nacional. Dispondríamos de este modo, como en los años 50, de una cantidad inmensa de recursos para invertir en infraestructura. Construiríamos y mantendríamos hospitales, escuelas, autopistas y carreteras. Haríamos tanta vivienda social cuanta fuera necesaria para erradicar definitivamente el rancho de la faz de Venezuela. Al ejecutar el programa con ingresos ordinarios del presupuesto, no se provocaría inflación, según quedó demostrado en los años 50.
Una Pdvsa en expansión, volcando su fabuloso poder de compra en bienes y servicios criollos, generaría cientos de miles de empleos al año. Un programa de infraestructura de la magnitud del planteado, también crearía cientos de miles de puestos de trabajo al año. Ambos programas, el de Pdvsa y el de infraestructura, causarían el crecimiento y consolidación de una cadena interminable de industrias y empresas de servicios.
En una nación de trabajo, y con trabajo, bajaría la delincuencia. Nuestro país recobraría la seguridad personal, otrora característica de él. Los planes de infraestructura mejorarían los servicios públicos. Y si sumamos a la seguridad personal y la buena infraestructura, una belleza y un clima sin par, tan maravillosos que Colón, al ver por vez primera a Venezuela, creyó encontrarse en el mismísimo Paraiso Terrenal, entonces, ¿Qué resulta? Pues en el nacimiento de una importante industria turística, de esa tercera 'locomotora' que sirvió, casi ella sola, para conseguir el pase de España, del Tercer al Primer Mundo, y en menos de una generación.
Si alguien tiene la oportunidad de hacer realidad ese sueño, es usted, presidente Chávez. Ningún gobernante, desde Pérez Jiménez, había disfrutado de tanto poder, y en su caso, lo que es más importante y legítimo, de un poder democrático. Usted puede estar seguro de que, con el apoyo de sus 121 asambleistas, la Constitución que surgirá de la 'soberanísima' será casi idéntica al proyecto de Constitución Bolivariana, que usted presentó; un proyecto muy bueno, por cierto, a no ser por ese artículo sobre el régimen petrolero, especie de injerto de última hora y el cual comenté en mi artículo El petróleo en la V República.
En buena medida, como usted bien sabe, señor Presidente, el gobierno adeco cae el 24 de noviembre de 1948 por el hastío nacional de tantos discursos, palabras y promesas, que no se traducían en acciones concretas. El nuevo régimen marcó de inmediato, la diferencia. Se iniciaron, sin pérdida de tiempo, grandes obras de infraestructura. Se estableció una política migratoria acorde con la magnitud del reto que se planteaba. El país, físicamente, cambió. Se convirtió en una tierra de trabajo, seguridad y progreso. Lástima que en lo político fuera un régimen tan atrasado, de un primitivismo, que a la postre, cavaría su propia tumba.
Usted, presidente Chávez, está en democracia. Y goza, además, de inmenso prestigio y poder. Nada le impide en consecuencia, marcar la diferencia con los 'puntofijistas'. Presidente Chávez ¡Arranque ya!
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El Universal, 11 de Septiembre de 1999