Del Oráculo del Guerrero a los fabricantes de miseria

Juan Andrés Sosa Branger

No en pocas oportunidades, las acciones de una persona se ven de alguna forma influenciadas por lecturas que ella realiza. Hago esta acotación porque el Oráculo del Guerrero libro de cabecera del presidente de la República, se ha convertido en el preferido de muchos venezolanos.

De allí probablemente la satisfacción que, de alguna manera, se percibe cuando sistemáticamente se destruyen las instituciones, casos recientes (la capitulación de la Corte Suprema de Justicia y la inhabilitación del Congreso). Pareciera que cada vez que se acaba con una institución es como si se hubiese ganado una batalla, como si se hubiese logrado derrotar al enemigo.

Lamentablemente los responsables de estas acciones, no se dan cuenta del daño que le están haciendo al país, a pesar de las múltiples advertencias que sobre el particular se hacen tanto nacional como internacionalmente.

Es necesario que se entienda que: la esencia del sistema democrático se encuentra en el contraste de pareceres, en la coexistencia de opiniones divergentes, en el pluralismo. Por lo que eliminando las instituciones u organizaciones que pretendan hacer valer una opinión divergente, definitivamente no es el camino hacia el establecimiento de un sistema democrático idóneo, es el camino hacia la dictadura.

El verdadero enemigo que el Gobierno debe enfrentar, es la pobreza, y sobre el particular no hace el menor esfuerzo. Al contrario, sus acciones y actitudes han traído la mayor depresión económica que hayamos conocido.

De allí que sería aconsejable cambiar de inspiración, cambiar de libro de cabecera. Siendo aconsejable el libro Fabricantes de miseria , escrito por Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos A. Montaner y Alvaro Vargas Llosa.

El libro trata, entre otros temas, de las ideas y de las actitudes que mantienen en la miseria a millones de latinoamericanos. Trata de los gobiernos que con sus prácticas antieconómicas ahogan las posibilidades de generar riquezas. Trata de los sindicatos que, enfrascados en una permanente batalla campal contra las empresas, inhiben la formación de empleos, impiden la formación del capital, o lo ahuyentan hacia otras latitudes. Trata de los políticos que practican el clientelismo y la corrupción. Trata de los militares que convertidos en sector económico autónomo, consumen parasitariamente el presupuesto, y han gobernado o aún amenazan con gobernar nuestras naciones como si fueran cuarteles.

En fin trata, en palabras del autor: 'de los que llamamos fabricantes de miseria: esos grups que, unas veces de buena fe y otras por puro interés, mantienen a millones de personas viviendo, a veces, peor que las bestias'.

Esperando que este Gobierno no se convierta en un fabricante de miseria, es conveniente recordarle, que es su obligación y responsabildiad asumir las iniciativas tendientes a recuperar la confianza, con miras a reactivar el aparato productivo nacional y el empleo. Acumulando poder, sin que haya la más mínima correlación entre el discurso oficial y los resultados obtenidos, lo único que logrará será aumentar la incertidumbre agravando el problema.

Es claro que los problemas del país no se resolverán de la noche a la mañana, pero para resolverlos hay que tomar el rumbo adecuado. Los venezolanos han demostrado, en diversas oportunidades tener la capacidad y la disposición de hacer lo que sea necesario para solventar los problemas. Lamentablemente, en los actuales momentos, el Gobierno no se presenta como el facilitador en la implementación de las soluciones a nuestros problemas, se presenta como nuestro problema.

jasb@cantv.net
El Universal, 11 de Septiembre de 1999