La otra constituyente

Leopoldo Martínez Nucete

No podemos hacer nada por cambiar las cosas. Chávez y su mayoría en la Constituyente son los que tienen que decidir si harán una Constitución para la historia o una colcha de retazos que en lo medular de las instituciones políticas produce un traje a la medida del proyecto del MBR-200, y noten que no hablo del MVR, sino de la logia militar-cívica que dio origen a esta ruptura política que vivimos. Ya leeremos ese texto constitucional y sabremos si podremos vivir con la quinta, o tendremos que trabajar por crear la sexta república.

Pero para que todo esto sea posible hay que entender que debido a este detonante que le puso Chávez a las ruinas de la edificación democrática en que vivimos hasta el 6 de diciembre, se impone organizar una alternativa política capaz de hacer oposición constructiva, pero al fin y al cabo, preparada para luchar y asumir en su momento el poder.

Si no en tres meses, será muy pronto que concluya la Asamblea Nacional Constituyente, porque las esperanzas en que haya discordias en el seno del Polo Patriótico no tienen cabida política, "por ahora", en tanto la oferta del Presidente sea hacer unas "multi-elecciones" bien rápido, en las cuales, quienes están adentro y afuera de la Constituyente, militando en las filas del chavismo, tienen la primera opción de ganar puestos como alcaldes, gobernadores, diputados y quién sabe qué otros cargos de elección popular que creará la nueva constitución. En otras palabras, Chávez les dice a sus partidarios con el llamado a trabajar rapidito: "¿Queremos el poder antes de que yo pierda mi condición de portaaviones o queremos detenernos a redactar una constitución y escucharnos nosotros mismos por seis meses? ¿Es que no se dieron cuenta para qué hemos hecho todo esto?".

Ante esta realidad política, ya no sirve atrincherarse en plataformas mediáticas que inteligentemente se apropiaban del concepto sociedad civil para hacer política sin vocación de poder. Ya no podemos seguir limitándonos a organizar foros, con costo de entrada, en los mismos auditorios y con las mismas audiencias, para aplaudir a los mismos expositores. Ya no podemos creer en las posibilidades de reforma de, o en la capacidad de influir sobre, AD y Copei. Hay otra constituyente en marcha y no es una "constituyente a la sombra" que desde un ambiente con aire acondicionado criticará a la Asamblea que se dispone a dar aprobación al proyecto que Chávez proponga. Es la constituyente de un nuevo partido político, capaz de convocar, transcendiendo las fronteras ideológicas creadas por la socialdemocracia y la democracia cristiana. Un movimiento fundamentalmente generacional, comprometido con el cambio y la lucha, en libertad, por los pobres y la clase media empobrecida; y dispuesto a coincidir con Chávez en lo positivo que haga o proponga, pero preparado para adversarlo en la calle, reunidos en asambleas populares y jornadas comunitarias, cuando lo que haga el Gobierno no sea en beneficio directo de las mayorías que todavía ven en su comandante una esperanza en la incertidumbre.

Tenemos un primer reto electoral en el que no podemos aspirar mucho, pero sí algo. El primer paso para construir ese partido que viene a completar el cambio, está en las elecciones municipales, regionales y del próximo Congreso. Allá no podemos llegar tan dispersos como el 25 de julio, ni unidos alrededor de las cúpulas de AD y Copei, como ocurrió el 6 de diciembre de 1998. A ese proceso debemos enfrentarnos con la cohesión que sea posible, tanto en el mensaje como en las opciones o candidaturas. Y nuestro discurso no debe ser enfermizamente "anti Chávez" sino "pro cambios", y fundamentalmente aquellos "cambios" que no han sabido o no han podido definir el comandante y su gente. Dediquémonos entonces a la otra constituyente.

* Presidente de la fundación Constructores de un País y Profesor de la UCAB

El Nacional, 10 de septiembre de 1999