Carlos Tablante
Pese a la declarada muerte de las ideologías duras, muchos analistas políticos siguen actuando por reflejo, con esquemas mentales de la Guerra Fría. Ven comunismo y dictadura en todo lo que no es apología del mercado. Ven supresión de las libertades y violación de los derechos humanos en todo régimen que clame por justicia social.
El presidente Chávez y el proyecto de reconstrucción nacional que hemos iniciado con la Constituyente, han recibido ese tipo de ataques de analistas de medios como El País de Madrid, el Miami Herald o The New York Times.
No comprenden el derecho que tenemos a construir nuestra propia vía sin las recetas y atajos del pasado.
Como ha escrito Norbert Lechnner, la política actual es un viaje sin brújula, debido a la profunda revisión de los viejos moldes ideológicos. Debemos tomar lo mejor de la izquierda y la derecha y ensamblarlo de acuerdo a las nuevas realidades de cada nación.
De lo que defiende la derecha, tomamos el mercado y la competitividad. De la izquierda humanista y democrática, mantenemos la lucha por la seguridad social, la igualdad, la solidaridad y la búsqueda del bien común.
Es una ecuación simple, que ha descrito la socialdemocracia alemana con la frase: "tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario".
Es en estas nuevas coordenadas en las que nuestros adversarios deberían criticarnos. Tendrían que leer las propuestas de la tercera vía que con sus matices, han escrito Tony Blair, Anthony Giddens o José Borrel y no reaccionar con mentalidad de dinosaurios, negándose a admitir que toda una era de bipolaridad y maniqueísmo ha desaparecido.
Revísese el programa de ajustes económicos del Gobierno, y se entenderá la cuota de sacrificio en desempleo, baja del consumo e inseguridad que estamos pagando los venezolanos por años de populismo, demagogia y corrupción. Es el precio que debemos pagar -según el ministro de Planificación, Giordani- para estabilizarnos, atraer inversiones y crecer en lo económico.
Estamos enfrentando privilegios, estamos derribando al Estado secuestrado por las élites partidistas. Esto ha generado reacciones por el modo inédito en que lo estamos haciendo. Exigimos comprensión y que se nos mire con ojos nuevos y criterio amplio.
Es hora de que los militares en América Latina dejen de ser vistos como gorilas peligrosos y se les reconozca como ciudadanos con plenos derechos y responsabilidades. Es conveniente que nuestros críticos vengan a observar la labor intensa y creativa que compartimos -en la diversidad- los asambleístas, para refundar nuestro país.
En Latinoamérica, hasta ahora, no se había podido dar el caso de una revolución pacífica, una revolución light, debido a la influencia de la Guerra Fría, porque toda confrontación social era colocada erróneamente en los extremos entre el capitalismo y el comunismo.
Las revoluciones siempre terminaban en lucha armada e inclinadas hacia una potencia y una ideología importada y dogmática. O terminaban en la extrema izquierda como Cuba, o eran empujadas hacia la extrema derecha, hacia dictaduras siniestras como las de Somoza o las del Cono Sur.
Curiosamente, ahora que en Venezuela estamos llevando a cabo una profunda transformación sin gríngolas ideológicas, algunos analistas quieren regresar a los esquemas de la confrontación este-oeste para atacarnos. No comprenden que lo que hacemos es una revisión profunda de las estructuras sociales y políticas de nuestro país sin derramar una gota de sangre, sin perseguir a nadie, sin violar las garantías ni los derechos humanos. ¿Será que eso es inconcebible para los Vargas Llosa, para los Montaner, para los Plinio Apuleyo? Estos autores -que viven de hacer apologías del mercado- ignoran advertencias como las de Blair y George Soros: que el mercado es una jungla, que no crea reglas de juego político ni sociales. Que las sociedades no se pueden organizar como un mercado. Que los mercados funcionan dentro de las sociedades y que tienen reglas de juego dictadas por el derecho y la política.
Los detractores de este proceso comparan a Chávez con Perón: pero aquí no se ha perseguido ningún sindicato ni hay presos políticos. Lo comparan con Castro, pero aquí no se ha fusilado a nadie, ni se ha expropiado ningún bien privado.
Estos detractores hablan de autoritarismo y militarismo, cuando lo que está ocurriendo es un desplazamiento de los actores tradicionales de la política mediante el voto, las elecciones y la ampliación de los derechos políticos de los ciudadanos a través de la figura del referendo. Es decir, estamos viviendo un relevo generacional y el ascenso de un liderazgo con nuevos paradigmas.
Quienes conformamos la alianza del Polo Patriótico no debemos caer en provocaciones, y mucho menos volver a posiciones dogmáticas para responderle a nuestros adversarios. Tenemos que continuar serenos pero contundentes en el propósito de avanzar en positivo y usar todos los medios a nuestro alcance para informar a la comunidad internacional sobre los contenidos verdaderos de este proceso de creación de un modelo de sociedad de derecho y de justicia, cuyo propósito es el bien común y la solidaridad. En esta búsqueda, nuestra revolución es light, pero no blandengue.
tablante@telcel.net.ve
El Nacional, 15 de septiembre de 1999