¿Qué prefiere Ud.: un Estado a lo Windows o uno a lo Off?

Samuel Sotillo Hermoso

Sistemas Operativos y Estados

Existe un paralelismo tremendo entre la concepción (funcional) moderna de Estado, y la que los especialistas del área de la computación tienen de un Sistema Operativo. Por si no lo recuerda, los Sistemas Operativos son esa pieza de software que Ud. utiliza para acceder a los recursos más comunes de su computador; por ejemplo, cuando se conecta con su Proveedor de Servicios de Internet para acceder a la página web de esta revista, Ud. lo hace a través de los servicios de su Sistema Operativo (llámese éste MS Windows, MacOS o Linux), el cual hace uso de ciertos recursos del hardware de su máquina (tales como el disco duro, la memoria, el bus de datos y direcciones y el módem) sin que Ud. como usuario se tenga que preocupar demasiado por ello. Es por esta razón que los especialistas definen a esa pieza de software que es el SO como aquella que abstrae y administra los recursos [1] de su computador, de una manera que sea transparente para Ud. como usuario.

Del mismo modo, el Estado es una suerte de abstracción que nosotros los ciudadanos hemos creado para administrar los recursos con que cuentan nuestras naciones. En ambos casos, el mismo es el resultado de aplicar la doctrina de división del trabajo, de manera que de la misma forma como cada persona realiza una función dentro de la sociedad, cada pieza del Estado cumple una función (ofrece servicios) dentro de la dinámica social en que actúa. Como el Estado, los Sistemas Operativos son así, antes que nada, un proveedor de servicios para lo usuarios (¿ciudadanos virtuales?).

Ahora bien, hoy existe una gran discusión en torno al alcance de las funciones del Estado, la cual tiene su contrapartida en el campo de los Sistemas Operativos. El problema es que al igual que los primeros, estos últimos han crecido exageradamente, hasta el punto de que ellos por sí solo consumen la mayor parte de los recursos con que cuenta su computador, dejando morir (literalmente) de inanición aquellas aplicaciones que Ud. suele usar en su trabajo cotidiano, tales como su Procesador de Palabras o su Navegador de Internet. Cuando eso ocurre, sus aplicaciones empiezan a hacerse lentas y pesadas en su ejecución, y Ud. comienza a jalarse de los cabellos. Pero eso no es lo más grave, debido a una complejidad innecesaria y a una limitación implícita en todo sistema basado en el intercambio dinámico de información, esos Sistemas Operativos leviatánicos suelen generar innumerables situaciones de excepción innecesarias que lo llevan, casi inevitablemente, al colapso; es decir, a colgarse.

Mucho del problema tiene que ver con la teoría de los sistemas de información adaptativos. En estos sistemas hay una multitud de agentes intercambiando permanentemente información, así como accediendo concurrentemente a recursos limitados. En términos económicos, en estos sistemas los agentes tienen deseos ilimitados (de servicios y/o recursos físicos) y actúan en un universo de recursos escasos. En tales circunstancias es inevitable que surjan conflictos que los computistas denominamos "conflictos de competencia". La solución de este tipo de conflictos es un dolor de cabeza tanto para los computistas como para los economistas.

Sin embargo, los economistas encontraron una solución mucho tiempo antes de que las mismas computadoras existiesen; lo que ellos llaman mercado. Conforme los Sistemas Operativos se han movido a ambientes más complejos (como es el caso de las redes globales), cada vez es más difícil para ellos conocer el estado global del mismo, y esa limitación hace inviable cualquier tipo de solución centralizada y planificada de los conflictos de competencia. Al igual que en la Economía, la solución es permitir a los agentes de software interactuar libremente, utilizando cierto tipo especial de mensajes que le permiten librar las consecuencias lamentables de dichos conflictos. En la Economía, el nombre de ese tipo especial de mensajes o información es lo que conocemos como precios; en computación tienen muchos otros nombres.

Los conflictos de competencia no son el único tipo de problema que un mal Sistema Operativo (o Estado) puede generar. Si el Sistema Operativo (Estado) consume todos los recursos disponibles, el mismo condena a morir de inanición a sus procesos de usuario (ciudadanos). Del mismo modo si el Sistema Operativo (Estado) pretende planificar y administrar todos los servicios, condena a sus usuarios a mecanismos de asignación (distribución) de recursos injustos (discrecionales), que pueden favorecer a ciertos procesos privilegiados y discriminar a otros que no gozan de esos privilegios (que pueden quedar en el limbo a la espera de que algún día le tiren algo). En todo caso, el Sistema Operativo (Estado) fallará eventualmente, aumentando su tendencia a la inestabilidad y obstaculizando el desarrollo normal y el progreso operativo de sus procesos (ciudadanos). En pocas palabras, el comunismo fracasa aún en los Sistemas Operativos.

Como ven, es inmediata la relación entre los Sistemas Operativos y el Estado. Si ambos crecen más de la cuenta, consumiendo demasiado de los recursos escasos disponibles, interfiriendo con el libre desenvolvimiento del mercado de información entre los agentes (de software o económicos), entonces es casi imposible evitar el surgimiento de conflictos de competencia irresolubles, o la muerte por inanición de su universo de procesos o la falla eventual (colgada) de todo el Sistema.

Estados a lo Windows

Los Sistemas Operativos han evolucionado rápidamente de sistemas ligeros y sencillos a otros muy pesados y complejos. Un ejemplo de este último es MS Windows 95. Este sistema ha crecido con los años (unos dicen que a punto de parches) hasta convertirse en un Sistema Operativo bastante complejo y super pesado (la última versión consume unos cuantos megas de disco y de memoria). Sin embargo, ese crecimiento no ha estado acompañado de una mayor robustez ni una mayor confiabilidad (¡hasta al Sr. Gates se le suele colgar en público!). La razón de ello tiene que ver con el hecho de que Windows es un Sistema Operativo que podríamos calificar de Socialista. El mismo sistema consume demasiados recursos y pretende hacer demasiadas cosas, imposibilitando a las aplicaciones de los usuarios el libre intercambio de información y la definición de ciertas políticas propias necesarias para su correcto funcionamiento.

Otro aspecto no mencionado antes se relaciona con la definición correcta de interfaces. Como los Sistemas Operativos funcionan en universos donde la información está distribuida dinámicamente, la única forma de garantizar comportamientos correctos (transparentes) por parte de los agentes, es que se obliguen entre sí a respetar ciertas convenciones denominadas interfaces. Esto significa que los agentes deben evitar ocultar algún tipo de información necesaria para que el resto pueda hacer un uso adecuado de sus servicios (recursos). El ocultamiento de información de carácter público es un delito que atenta contra el buen desenvolvimiento del mercado de información y que puede ocasionar inestabilidades y hasta colapsos en los sistemas de información. Lo mismo se aplica a la Economía. Si bien la base del funcionamiento de cualquier tipo de mercado es la desigual distribución de la información, es necesario también garantizar cierto código ético generado por consenso, que obligue a los agentes a presentar una interfaz pública consistente y confiable. En pocas palabras, se permite el lucro, pero dentro de ciertos parámetros éticos que deben especificarse públicamente a través de una interfaz (y sobre la base del consenso democrático entre agentes).

Un ejemplo de un comportamiento no ético es cuando un proceso de usuario (agente) pretende monopolizar algún recurso a través del ocultamiento de cierta información u obstaculizando el libre acceso a ella, lo cual se logra a través de una interfaz mal intencionada.

Pues bien, en el Sistema Operativo del Sr. Gates esta regla suele violarse con demasiada frecuencia. Seguramente Ud. ha escuchado alguna vez sobre los aspectos no documentados del sistema. Éste es rico en ese tipo de aspectos, lo que hace casi imposible para un programador el diseño de nuevas aplicaciones que consideren todo ese universo desconocido de información no documentada, y que con ello garanticen un funcionamiento seguro y estable.

¿Entiende ahora Ud. por qué el estado Venezolano nunca ha funcionado bien y nosotros los ciudadanos estamos en la carraplana? Nuestro Estado es uno a lo Windows.

Estados a lo Off

Off es un Sistema Operativo de última generación. Fue desarrollado por un grupo de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid. Al este tipo de Sistema Operativo se le denomina Sistema Operativo Distribuido Adaptable basado en un Micro Núcleo. No entraremos en detalles respecto a este rimbombante nombre; lo importante es que Off es un ejemplo de hacia donde apunta la tendencia actual de los Sistemas Operativos. Como ya dijimos, el liberalismo del siglo XVIII descubrió en ese entonces una solución al problema de los conflictos de competencia. En cierta forma, Off es lo que podríamos denominar un Sistema Operativo Liberal Clásico.

En comparación con los Sistemas Operativos Socialistas, Off es pequeño y simple. Como regla fundamental, este Sistema deja a los procesos de usuario desempeñar la mayor parte de las tareas que otros suelen considerar monopolios naturales. Por ejemplo, la creación de archivos (sus archivos de texto) suele considerarse parte del monopolio natural de los Sistemas antiguos; en Off ya no es así. Debido a su sencillez y ligereza, este Sistema consume sólo una mínima proporción de los recursos disponibles, dejando a los procesos (agentes) la administración del resto. Por supuesto, en Off puede ocurrir que algún agente mal diseñado (de mal comportamiento) se cuelgue de vez en cuando; sin embargo, esa falla puntual no tiene porque afectar el libre desenvolvimiento del resto de los agentes y la integridad de todo el sistema; muy al contrario de lo que sucede con el otro. En este último caso, basta con liquidar (figurativamente) al agente agresor y todo sigue como si nada. Adicionalmente, debido a que Off está diseñado para operar en ambientes distribuidos, sus usuarios pueden acceder los recursos de toda una red de forma transparente y segura. Un Estado a lo Off gozaría de una potencialidad envidiable para insertarse en el proceso de globalización que vivimos, con ventajas que ningún otra forma de organización estatal podría ofrecer. ¡Qué maravilloso! ¿NO?

Ojalá la nueva Constitución ahora en proceso de diseño nos diera el regalo a nosotros los Venezolanos de un nuevo Estado Adaptativo ligero y simple, con el cual pudieramos construir ese país con el que soñamos desde hace ya demasiado tiempo. ¿Será eso posible?

E-mail: ssotillo@uc.edu.ve
References
[1] Andrew S. Tanenbaum. Operating Systems: Design and Implementation. Prentice-Hall, 1987.