Tecnología versus socialismo
Walter B. Wriston
(AIPE).- Los primeros dos periódicos que se publicaron en Boston, el "News-Letter" y la "Gazette", anunciaban en primera plana, bajo la cabecera, que tenían la aprobación de la autoridad, es decir, que el texto había sido leído y aprobado por el gobernador de la colonia. Y esa práctica duró hasta 1725.
Cuando el presidente Woodrow Wilson viajó a París a negociar el Tratado de Versalles, ordenó al director del Correo que asumiera el control de los cables trasatlánticos, de manera de tratar de controlar las noticias.
En nuestros días, la Unión Soviética, que había perfeccionado el arte de controlar la información, se vio obligada a cambiar sus declaraciones sobre el accidente nuclear de Chernóbil, cuando fotografías del satélite privado SPOT comenzaron a aparecer en la prensa mundial. Así vemos cómo el intento de manipular la reacción política ha reemplazado la censura, pero aún esto se hace crecientemente difícil con la Internet.
Siempre ha existido tensión entre la libertad tecnológica y el poder del Estado. Habrá victorias y contramarchas, pero la Internet sólo crecerá, mejorará y se hará más rápida, por lo que las ideas sobre libertad económica y libertad política florecerán en más y más lugares.
El socialismo, generalmente definido como la propiedad gubernamental y el control de los medios de producción, enfrentará crecientes desafíos. Uno de sus grandes problemas es que los medios de producción se están desplazando de la corporación al individuo. Hoy en día el trabajador es propietario de los medios de producción, los cuales están alojados en su mente y en sus habilidades personales.
Como cualquier producto o servicio puede ser duplicado más temprano que tarde, las empresas tienen que patrocinar el constante aprendizaje, como manera única de mantener su ventaja competitiva. Hoy, un programa diseñado en la India viaja a través de un satélite a una firma en Chicago y su diseñador no necesita ninguna visa para trabajar para la empresa estadounidense que lo contrató. Así las cuotas y las leyes de inmigración serán más irrelevantes cada día. Será posible que en un alejado caserío todo el mundo esté empleado aunque no haya ninguna empresa a varios kilómetros de distancia. Y es la primera vez en la historia que los más jóvenes son las autoridades en las nuevas técnicas.
Todo esto es exactamente lo opuesto a la manera de operar de una burocracia socialista. Mientras que la nueva economía exige velocidad, el socialismo exige tardanza. Es la era del esbelto y del ágil; mal tiempo para el lento y el pesado. James Daly mantiene que "las compañías serán una colección de gente inteligente que se reúne por tiempos cortos y luego se dispersan, un modelo que Hollywood ha desarrollado estupendamente". Por otra parte, el valor intrínseco de estas nuevas empresas no se puede medir examinando sus estados financieros, por eso el valor de mercado de las acciones de Microsoft es mayor que el valor total de todas las acciones de los tres fabricantes más grandes de automóviles.
Además, de la creciente inhabilidad de las empresas estatales en competir en un mercado globalizado, el verdadero poder del socialismo se fundamenta en poder obligar a la gente a hacer lo que no quiere hacer. Pero las cartas se están volteando y somos nosotros quienes vigilamos al Gran Hermano a través de un flujo de información a la que antes sólo los poderosos tenían acceso.
La Internet le está abriendo el horizonte a millones y millones de personas alrededor del mundo y esta conversación global pone a la gente a pensar ¿por qué seguimos siendo pobres mientras otros prosperan? ¿Por qué no puedo yo tener lo que ellos tienen?
En el pasado, las élites siempre podían leer acerca de la democracia y la prosperidad disfrutada por las economías de mercado. Pero cuando todos tienen acceso a la información, el peso de la prueba recae en aquellos que insisten en seguirles planificando sus vidas y negándoles su libertad individual.
El mundo marcha de una forma que disgusta a los ambientalistas. Unas especies se extinguen y otras aparecen. Lo mismo sucede en ausencia de una planificación central. Como el capital disponible para nuevas inversiones siempre es limitado, mientras que los proyectos para su utilización son ilimitados, fluye y permanece donde se le trata bien. Pero huye ante leyes restrictivas y regulaciones burocráticas. Además, el capital ahora opera en tiempo real, buscando constantemente la mejor combinación de seguridad y rentabilidad. Es más, se trata de un mercado de capitales gigantesco que vota a favor de buenas políticas y le da la espalda a las malas. Es lo que yo llamo el Patrón de Información, el cual opera mucho más rápidamente que el viejo Patrón Oro.
Todas estas cosas que he mencionado traspasan el poder a manos de la gente, pero no garantiza la victoria del libre mercado. Sólo la gente puede hacerlo posible y las nuevas tecnologías le dan las armas para que lo logren.
Ex presidente de la directiva de CitiCorp y CitiBank. Adaptado de su conferencia en la Sociedad Mont Pelerin.