Centenario de William Hutt

Carlos Ball

(AIPE).- William Hutt, quien nació el 3 de agosto de 1899, fue uno de los pensadores más originales de este siglo y tuvo la valentía de expresar conceptos que eran simplemente impensables en los años 30, 40, 50 y 60, pero que hoy en día ya forman parte de la opinión económica generalizada. Eso es indicativo que en un futuro cercano llegarán a ser parte de la opinión pública y poco después serán admitidos e instrumentados por legisladores y gobernantes. Ese es el proceso natural de las ideas. El padre de Hutt era un obrero londinense, quien resentía tener que ser miembro del sindicato para poder mantener su empleo en la famosa firma de W. H. Smith. Esa actitud rebelde del padre quizá influyó en que Hutt, quien obtuvo su doctorado en la London School of Economics en 1928, se interesara en el derecho laboral.

Hutt publicó en 1926 su primer artículo, "El sistema manufacturero a comienzos del siglo XIX", donde desenmascara la politización de la historia de la Revolución Industrial y muestra cómo los enemigos del sistema capitalista acusan de despiadadas las prácticas de la época, sin tomar en cuenta que significaban un gran salto hacia adelante, algo confirmado por el hecho que la gente, por primera vez en la historia de la humanidad, dejó de morirse de mengua.

Tales ideas tienen una aplicación contemporánea. A cada rato oímos despotricar contra las malas condiciones de trabajo y el empleo de niños en América Latina, como si el bienestar de la gente se pudiera legislar. Claro que el ideal es que todos los niños vayan a la escuela y que la gente pueda trabajar en óptimas condiciones. Pero cuando una familia no tiene suficiente para comer, los mayorcitos tienen que colaborar y si malas leyes no han permitido la acumulación de capital y los riesgos políticos ahuyentan a la inversión extranjera, es imposible tener fábricas y maquinarias modernas que incrementen la productividad de los trabajadores, lo cual permitiría pagar mejores salarios.    

En ese artículo pionero, Hutt concluye que hubo una tendencia general a exagerar los 'males' que caracterizaron al sistema industrial y que no fue la legislación lo que logró el cambio. En 1928, Hutt fue invitado a enseñar en la Universidad del Cabo, en Sudáfrica, donde permaneció hasta 1965, llegando a ser decano de la Facultad de Comercio y de la Escuela Graduada. En 1930 publicó uno de sus libros más importantes, "La contratación colectiva", donde demuestra el daño sufrido por la economía y por los más pobres al interrumpirse el proceso productivo con huelgas masivas. Hutt mostró como ello, lejos de promover la redistribución, agrava las desigualdades de ingresos y fomenta la inflación, algo que siempre golpea más duro a los más débiles. Hutt argumenta que los excesos del poder sindical benefician únicamente a ciertas élites políticas y sindicales, a quienes la pobreza ofrece la mejor plataforma para su triunfo personal.

En su fascinante libro "El economista y la política," crítica a sus colegas que recomendaban sólo lo  "políticamente posible". El resultado fue una deplorable degeneración del pensamiento económico durante varias décadas. Hutt insistía que la componenda, que ha veces es una necesidad política, es un pecado mortal en economía y sólo con honestidad triunfa a la larga el economista.

Otra prueba de que los políticos siguen rezagados en su comprensión de la economía es que, en el Congreso de Estados Unidos, el senador Ted Kennedy acaba de introducir un proyecto de ley de aumento del salario mínimo. Hace más de medio siglo Hutt comprobó que las desigualdades de ingresos se reducen  más y la sociedad se beneficia cuando a todo el mundo se le ofrece trabajo al sueldo mínimo necesario para obtener sus servicios. Es decir, la intervención política impide la óptima utilización de los recursos y ello termina empobreciendo a toda la sociedad.

Hutt también originó el concepto de "la soberanía del consumidor" y fue uno de los primeros en criticar la "Teoría General" de Keynes, especialmente la errada creencia que la oferta crea demanda, cuando la realidad es todo lo contrario: la demanda crea oferta. Antes que fuese políticamente correcto criticar el "apartheid" en Sudáfrica, Hutt publicó una lapidaria crítica del racismo y demostró que fue sólo después de las grandes huelgas en las minas de oro y de diamantes, en este siglo, cuando comenzaron los problemas raciales, al lograr los sindicatos establecer que sólo los blancos recibirían entrenamiento. Es decir, el "apartheid" comenzó con la cartelización de la mano de obra, noción absolutamente contraria al libre mercado.  

Tuve el privilegio de conocer al profesor Hutt cuando él enseñaba en la Universidad de Dallas. Murió en 1988 y su viuda, Grethe, también es un personaje. En 1990, en una conferencia en Guatemala, me contó que había manejado desde Texas con una amiga. Le pregunté si no habían sentido miedo, solas en las carreteras del sur de México. La contestación fue: "No, Carlos, sólo escuchamos un tiroteo cerca de la frontera". Indudablemente que los Hutt fueron hechos el uno para el otro.

Director de la agencia de prensa AIPE
Académico asociado del Cato Institute
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