El peso del petróleo y las opciones económicas

Orlando Ochoa


La economía venezolana se encuentra a la deriva, hundiéndose desde hace veinte años. Por algunos períodos ha sido un proceso lento con breves recuperaciones parciales, y en otros, como el actual, la caída es dramática, y sin precedentes en la generación masiva de desempleo. Para sorpresa de muchos este proceso se agudiza con el inicio del Gobierno de Hugo Chávez, justamente el gobernante que ha ofrecido los cambios radicales, y el romper con el pasado de corrupción y mal gobierno. Explicar este fenómeno es complejo, y exigiría un tratamiento extenso para responder a la principal interrogante que confronta Venezuela en cuanto a cómo debe ser dirigida su economía y las acciones del Estado, para lograr un largo período de prosperidad sostenida.

No hay forma de redefinir el rumbo de la economía venezolana, sin decidir que papel juega el sector petrolero, y cómo se va a lidiar con las consecuencias positivas y negativas que dicha actividad tiene sobre el resto de la economía. Si es cierto que entre los años treinta y los setenta el petróleo fue un factor de estabilidad económica y fiscal, también lo es que el carácter monoexportador petrolero se vinculaba a una moneda fuerte que puso fuera de la competencia internacional a nuestro cacao y café, e inhibió el desarrollo de una incipiente industria no petrolera exportadora. Por otra parte, desde el colapso del régimen de tipo de cambio fijo en febrero de 1983, el petróleo ha sido una especie de muleta para - vía devaluación - financiar crisis fiscales periódicas. La consecuencia ha sido inestabilidad económica, inflación, caída de la inversión y empobrecimiento.

A finales de la década de los noventa se presenta una paradójica situación, en la cual Venezuela dispone de un menor ingreso petrolero de exportación y fiscal en términos de dólares reales (ajustados por su poder adquisitivo) que lo obtenido en promedio en los años 1974-90, y sin embargo la interdependencia entre la política petrolera y la política económica es más acentuada y compleja que antes. Si además consideramos que la población venezolana se duplicó entre 1973 y 1998 (11.5 a 23 millones de habitantes), tendremos que el ingreso petrolero por habitante ha caído en forma dramática, pero la vulnerabilidad de la economía nacional ante las caídas en el precio del petróleo se ha acentuado, por ser ahora parte de una economía globalizada, altamente sensible a las expectativas "negativas".

Los problemas económicos son diversos e interrelacionados. Para enfrentar la volatilidad en los ingresos petroleros es bueno disponer de un Fondo de Estabilización Macroeconómica, usándolo de acuerdo a reglas que estimulen la disciplina fiscal (el Gobierno de Chávez convirtió al FEM en una regla discrecional de gasto). Los serios problemas en la conducción de las finanzas públicas y de la política macroeconómica no se van a resolver solamente con un mecanismo "automático" de estabilización fiscal. Hace falta una amplia, profunda e impecablemente ejecutada reforma fiscal. Por otra parte, el Banco Central de Venezuela confronta el hecho de que la política monetaria y cambiaria están directamente influenciadas tanto por la política fiscal financiada con petróleo, como por los planes de gasto e inversión de Pdvsa (política petrolera).

Adicionalmente a todos los problemas y desafíos técnicos, jurídicos y políticos, que implica ordenar un exitoso programa de reformas económicas, hay un cambio central en el manejo de la política gubernamental para apuntar a una estrategia que pueda proveer mayor estabilidad y desarrollo a la economía venezolana. Este cambio, sobre el cual he escrito antes, no es otro sino la definición coherente de la política petrolera y la política económica de corto y de largo plazo. Para cualquier analista la economía venezolana y sus finanzas públicas, están marcadas por lo que ocurre en la actividad petrolera, y sus perspectivas, y no tiene sentido seguir pretendiendo que la política petrolera es una, y la política económica otra. Al considerar conjuntamente la política económica y la política petrolera se abren variadas opciones respecto a la mejor estrategia económica para el país.

Cuando se toman en cuenta estos factores aparece el desafío político y económico más importante del país: Definir una estrategia económica y petrolera de largo plazo, y una política macroeconómica que apoye estos objetivos y sea compatible en su etapa inicial con la necesidad de reducir la inflación y reorganizar las finanzas públicas. Un tema clave es elegir el régimen cambiario apropiado. Un régimen de tipo de cambio fijo en una economía petrolera en crecimiento genera sobrevaluación cambiaria, y está inhibe el desarrollo de un aparato productivo exportador no petrolero. Un régimen cambiario flexible, mal manejado por un banco central sin autonomía ni credibilidad, e influenciable por motivos fiscales, significa fracasar en el control la inflación y no poder superar la inestabilidad económica. Debemos diseñar y ejecutar la política petrolera y la política económica en forma mucho más estrecha. En conjunto, las reformas económicas de calidad y la política petrolera coordinada, pueden generar el impulso positivo que tanto necesitamos para darle un nuevo rumbo al desarrollo futuro de Venezuela. Posiblemente habrá que esperar mejores tiempos para que tengan espacio nuevas ideas. Por ahora, paciencia significa más empobrecimiento.


Economista, MSc, PhD (Oxford).


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