La lengua está de moda

Luis Carlos Díaz Salgado

Felicitémonos, congratulémonos, la Lengua está de moda. Que suenen clarines, trompetas y fanfarrias, porque, créanme señores, la Lengua está de moda. Jamás nuestro idioma había vivido una época en la que se le prestara tanta atención. La Gramática de Alarcos se vendió como rosquillas. Otro tanto le ocurrió al Dardo en la palabra de Lázaro Carreter, casi 200.000 ejemplares vendidos en España. No se quedó muy atrás la Defensa apasionada del idioma español de Álex Grijelmo. No es raro, la pasión es puramente latina y de defensa sabemos un rato. En las redacciones de periódicos, radios y televisiones afloran los Libros de Estilo. ¡Qué estilazo! Y ahora llega la nueva edición de la Ortografía académica, que promete ser otro éxito de ventas, como lo fue el Diccionario. ¡Cómo me gusta ver nuestras estanterías llenas de normas y normitas, de reglas y reglitas!

No hay duda, la lengua está de moda. Nuestra vieja y querida lengua está de moda. Si todo continúa al ritmo previsto, los hispanohablantes seremos dentro de unos años auténticos expertos en la materia, y no como ahora. Escribiremos guión sin acento: ¿recuerdan que es monosílabo?. Proseguiremos nuestra cruzada contra los barbarismos: craso pecado ser extranjero. Machacaremos sin piedad a los periodistas descuidados que confunden las preposiciones. No habrá en definitiva quien nos supere en el conocimiento de las normas idiomáticas. Esta es la nueva moda. Todos iremos vestidos de Dior. ¡Viva la seda! El algodón y la lana son historia.

Qué más da que a nuestra Ortografía tan sólo se le haya lavado la cara después de un viaje al cuarto de baño que ha durado 150 años. Qué importa que los periodistas utilicen un lenguaje que inventa la realidad... mientras lo hagan en buen castellano. Para qué hablar de la manifiesta dificultad de nuestro idioma para producir nuevos vocablos: la culpa es del enemigo inglés que nos invade con un aluvión de palabras. A quién le interesa que el 90 por ciento de los que hablamos español sigamos siendo una excepción en las gramáticas. ¡Qué fácil sería todo si no hubiera seseantes!

Pero, bueno, no quiero ser pesimista. El futuro nos sonríe y hasta los mismos gringos se pirran por aprender español. Somos casi 400 millones y dentro de poco seremos muchos más. Y tenemos no sé cuántas academias que se ocupan de llevarnos por el camino recto. De decirnos lo que es bueno y lo que es malo, correcto e incorrecto. Así que ¿para qué pensar que nuestra Ortografía sigue siendo deficiente? ¿Para qué pensar que nuestras gramáticas han sido y son prescriptivas y no descriptivas? ¿Para qué pensar que seguimos discriminándonos unos a otros por la pronunciación? ¿Para qué pensar que el problema del lenguaje periodístico no es cómo se nos dice, sino cómo se nos oculta? Nada de esto es importante porque pensar no es importante. Mejor será que seamos realistas. La imagen lo es todo y nuestro traje es impecable. Lástima que se nos olvidara ponernos los calzones.