Hoy en día, la filiación va más allá de nuestra especie.
En el último siglo han desaparecido más especies que en
el último milenio. Antes de la época industrial una
especie podría tardar alrededor de unos diez mil años en
evolucionar o extinguirse; hoy en día, en 70 años es
probable que desaparezca. Este vertiginoso ritmo ha sido
proporcional al crecimiento de nuestras poblaciones y
ciudades pues, literalmente, hemos invadido la naturaleza.
Más seres humanos en el mundo significa que requerimos más
espacio para nuestras ciudades y cultivos pero también se
traduce en menos hábitats para animales y plantas. A su
vez, más bocas que alimentar, cuerpos que vestir, casas que
construir, se transforma en un uso más intensivo de los
recursos por lo que las especies, agobiadas, también
disminuyen.
Por supuesto, como no todo es tan malo, a la par de la
desaparición cada vez más evidente, comenzamos a darnos
cuenta de la necesidad de administrar mejor los recursos
naturales. Pero como no todos están conscientes de esta
necesidad, es necesario implementar ciertos métodos de
acercamiento entre el hombre y la naturaleza.
Conocer para conservar
A finales de la década de los 70 los investigadores comenzaron a sentir la necesidad de dar a conocer sus proyectos de conservación de especies y hacerlos más cercanos a la gente que, económicamente, les podía prestar su apoyo. Cómo era algo difícil llevarlos a todos a África, para que vieran elefantes, o a la India para que conocieran tigres, surge la idea de aplicar un tipo de ayuda, que había tenido mucho éxito con la especie humana, las adopciones.
Como no es lo mismo mantener a un elefante en el jardín o a una ballena en la bañera, las adopciones de especies animales nacieron con un carácter simbólico, es decir, el adoptante da un aporte en dinero y los especialistas mantienen a su "hijo adoptivo", acarreando este hecho beneficios múltiples: Los animales permanecen en su hábitat natural, se respeta así el beneficio de los ecosistemas, no se cambian las costumbres de las especies y se logra obtener mayor información sobre ellas.
Fue así como desde entonces ballenas, elefantes, delfines, tigres, leones marinos, venados, manatíes, rinocerontes, árboles y demás especies en peligro, terminaron con unos extraños "padres" quienes a distancia se preocupan por ellos, apoyando su conservación y garantizando su supervivencia.
Una Oportunidad en Venezuela
Adoptar simbólicamente un animal en Venezuela también es posible, gracias al programa de adopción de tortugas marinas y caimanes que adelanta FUDENA desde 1992.
Es así como alrededor de 1300 Tortugas Marinas y 800 Caimanes del Orinoco y de la Costa han encontrado a felices "padres" que desde lugares remotos de la geografía nacional, se preocupan por la supervivencia de sus hijos.
Niños en su gran mayoría, seguidos por jóvenes profesionales, colegios y centros de ciencia, han experimentado la sensación de "tener un hijo adoptivo" que puede medir hasta 3 metros, en el caso de los Caimanes, o pesar más de 450 kilos, para las tortugas marinas. Algunos, inclusive, han colocado la foto de su ejemplar adoptado en sus escritorios, en tanto que otros, se han conformado con revisar periódicamente las informaciones que desde FUDENA le indicarían si de la condición original de padre o madre, pasarían a ser abuelo o abuela.
Cómo Adoptar un Caimán o una Tortuga
Completando los datos en un formato sencillo que puede ser obtenido directamente en las oficinas de FUDENA, o a través del Web Site: www.fudena.org., y aportando una contribución anual mínima de 20 o 25 mil bolívares, con lo cual, además de promover la conservación de una especie mundialmente amenazada de extinción, recibirás un certificado, la hoja de vida del ejemplar adoptado, una franela alusiva al programa de adopción y una serie de otros beneficios como miembro de FUDENA.
Los ejemplares adoptados habitan en su ambiente natural, y cada quien, adoptará a un ejemplar único, al cual hasta le podrá poner el nombre de un hijo, novia o amigo especial.
La adopción, además de una opción para asegurar la conservación de estas especies, es una forma activa de mostrar tu amor por el país y su patrimonio natural.
| Las Tortugas Marinas
Son un caso singular para nuestro país pues de las ocho especies que quedan en el mundo, cinco nadan, comen o ponen sus huevos en nuestras costas. Desde 1979, FUDENA adelanta un programa de conservación en Isla de Aves con un especie en particular, la Tortuga Verde (Chelonia mydas) que por ser muy valorada por los pescadores por su carne se encuentra en serio peligro. Allí, se mantiene un seguimiento permanente sobre las poblaciones de esta especie, por eso las tortugas son marcadas en una de sus aletas, con una presilla que posee un código único que las identifica a nivel mundial, y que sirve también como marca para saber que ejemplar se le asigna a cada padre adoptivo. Con el valioso apoyo de la Armanda de Venezuela, nuestros investigadores revisan las marcas de las tortugas que salen a la playa a poner sus huevos, las registran y si no poseen placas, las marcan. También las miden para verificar su crecimiento y revisan sus condiciones físicas generales como el estado de su caparazón y de su piel. Los aportes que hacen anualmente sus "Padres Adoptivos" permiten que los investigadores continúen realizando este trabajo de recabar datos para intercambiar información a nivel internacional y poder hacer seguimiento a grandes planes de conservación de carácter global, pues recordemos que nuestras inquietas amigas no solo nadan en nuestros mares sino que recorren miles de kilómetros en su larga vida. Sus parientes adoptivos también reciben información acerca de sus hijos, aunque deben tener paciencia ya que las tortugas, por lo general, salen a poner huevos cada tres años. |
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Caimanes En el caso de las especies de caimanes, FUDENA ha venido trabajando con su conservación desde 1978. Cuando se inició el proyecto de Caimán del Orinoco (Crocodylus intermedius), especie que sólo se encuentra en Venezuela, se estimó que solo quedaban 2.000 individuos. Gracias al esfuerzo adelantado, hoy nos podemos encontrar con que la especie esta en vías de recuperación. El Caimán de la Costa (Crocodylus acutus), es una especie que compartimos con otros países, pero sus poblaciones han venido disminuyendo pues su hábitat de ríos y lagunas costeras es también muy apreciado por nosotros. Ambas especies poseen "padres adoptivos", sin embargo son pocos lo que le tiene simpatía pues su fiereza es lo que les ha ganado su mala fama. Los investigadores han tratado de recuperar sus poblaciones criándolos en cautiverio y luego, liberándolos en áreas protegidas adecuadas. Los caimanes, al igual que las tortugas, también son marcados con placas y con unos cortes especiales en sus escamas, lo que sirve para identificarlos cuando son recapturados, momento en el que también son pesados y medidos para controlar la adaptación que han tenido en su entorno. El aporte de sus "padres adoptivos" ayuda a realizar este seguimiento y sus censos poblacionales, lo que nos permite mantenernos informados sobre la especie y diseñar planes adecuados a las nuevas condiciones para continuar con su conservación. Sus padres también reciben reportes acerca de sus hijos, aunque esporádicos, pues cuando crecen se vuelven muy escurridizos. |