Antonio Astorga
San Camilo 1999. Diez años más Nobel y «Madera de boj». Una maravillosa aventura en el mar sin horizontes de la palabra. Quienes la lean visitarán ínsulas extrañas, gozarán de placeres, riesgos y revestirán su propia barca de boj para vencer a la muerte, según advirtieron Víctor García de la Concha, Ana María Matute y Mariano Rajoy, que glosaron la buena y nueva novela de Cela.
Se equivocan quienes pensaban que Camilo José Cela iba a empezar anoche sus palabras así: «Gracias por ayudarme a morir con las botas puestas». El narrador seguirá dando guerra y ahora ofrece a sus lectores un violento relato de juventud y esperanza. «Mi novela está escrita para mí sólo y para los miles y miles de hombres que son como yo y piensan como yo».
Se equivocan quienes pensaban que don Camilo iba a empezar su intervención así: «Gracias por ayudarme a acabar con el cadáver que llevo puesto». Prometió el Nobel muchos más libros, soliloquios y prodigiosas hazañas. «La novela no se está quieta hasta la muerte», proclamó. Aciertan quienes creían que Cela iba a decir: «Gracias por vuestra lealtad y por vuestra deslealtad». El escritor gallego confesó que ama lo que vive y que huye de la purpurina que tiñe la frente de los dioses. Hace años, don Camilo sostuvo: «La literatura es una mantenida pelea con la literatura». Anoche se reafirmó en la sentencia: «La literatura es una guerra a muerte contra los fantasmas del hombre y sus bravos y mansos sueños».
«Madera de boj» ha deslumbrado a Ana María Matute por «la capacidad de Camilo para contar historias en tres frases». La autora de «Olvidado Rey Gudú» señaló que Cela es el escritor que todos llevamos dentro: «Pero no podemos experimentar como él». Si Jorge Luis Borges se sentía orgulloso de los libros que había leído y no de los que había escrito, Ana María exclamó: «Yo me siento orgullosa de haber leído “Madera de boj”, arrebatada y admirada.
El director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, situó «Madera de boj» como una colosal suma de noticias reales sobre la Costa da Morte. «Toda ciudad es un estado del alma que se comunica y Cela lo logra de manera magistral: viaja en busca del alma de esa Costa». Cela arranca los misterios a la palabra en una extraordinaria máquina de relojería donde el ruido de la mar no viene y va sino que viene siempre, «zas, zas, zas, zas, zas...» hasta el fin del mundo. Cela supera la frontera entre lo real y lo soñado, entre la mitología y la historia desplazando a las palabras de su significado referencial. Frente a la estructura de la novela tradicional, en «Madera de boj», añadió García de la Concha, todo está milimétricamente pensado, tensado, trabado y simétricamente establecido. Los naufragios. Los marineros muertos en la mar. La leyenda del dragón que salió del mar y la gente no lo creyó, el náufrago ruso que se transmutó en lechuza y la marinería en medusa por artes nefandas. El disecador de sapos. «Una prosa mágicamente urdida», vindicó García de la Concha, «y lírica, como los siete mil ojos que Cela ha cultivado desde “Pisando la dudosa luz del día”, preñada de realismo».
El ministro Mariano Rajoy definió a Cela como el escritor más experimental y arriesgado de este medio siglo. Y Cela concluyó que ha desterrado toda preocupación estética. Madera de Nobel. Palabra de boj.
ABC (España), 29 de septiembre de 1999