Blair llama a los laboristas a modernizar el partido para consolidarse en el poder
Juan Carlos Gumucio
Bournemounth.- El primer ministro británico, Tony Blair, encauzó ayer a su Partido Laborista por la senda de la reelección proyectando una ambiciosa visión de un futuro de verdadera igualdad, seguridad y prosperidad para un país donde, según dijo, ya no existe espacio para los obsoletos e injustos prejuicios del conservadurismo. En un impecable discurso de 54 minutos, Blair escaló hasta la cúspide de la elocuencia para predicar la necesidad de una modernización política e impartir consignas que apuntan a la consolidación de su partido como el principal factor de poder en el próximo siglo.
Tony
Blair, durante su intervención de ayer en el congreso
laborista (Ap). Un cerrado aplauso de tres minutos de
duración premió su apasionado discurso en el congreso
anual que el Partido Laborista celebra en el balneario
victoriano de Bournemounth, donde también convergieron unos
16.000 manifestantes para protestar contra el plan de Blair
de prohibir la cacería del zorro, un pasatiempo tradicional
que la poderosa Alianza Rural ha jurado defender.
Directo, conciso, polifacético y, a veces, cáustico, el mensaje de Blair ante la reunión, que coincide con el centenario del "movimiento" laborista, constituyó la más clara reafirmación de que los laboristas están empeñados en mantenerse en el poder indefinidamente y condenar al Partido Conservador al ostracismo político.
Blair, que inició su discurso con una referencia a la ruidosa manifestación que se desarrollaba a las puertas del centro de conferencias -"No creo que la caza del zorro sea la cuestión más importante en la agenda de la comunidad rural, pero allá ellos", dijo-, habló de justicia, igualdad, de la urgencia de erradicar la pobreza y afianzar los sistemas sociales.
Pero, lo que es quizá más novedoso, incorporó al léxico político británico los términos de "el nuevo radicalismo" y "la fuerza del progresismo", ideales en perfecta consonancia con el "Nuevo Laborismo" y "la Nueva Gran Bretaña" y otros postulados sobre los que ha venido machacando desde su llegada al número 10 de Downing Street, en mayo de 1997.
"La guerra de clases ha terminado. Estamos ahora en una lucha por la igualdad, y ésta acaba de comenzar", declaró Blair. "En un siglo hemos gobernado durante 22 años. Jamás fuimos reelegidos. Esa tarea es la que ha quedado incompleta. Acabemos con ella y con las posibilidades de que el partido tory [conservador] cause tanto daño en el próximo siglo como lo ha hecho en éste", exclamó. Blair atacó a los tories con una vehemencia sin parangón desde su llegada al poder. Y provocó las carcajadas de la sala al bromear: "Cuando [los tiempos del ex primer ministro conservador] John Major, el partido tory era débil, débil, débil. Hoy, con William Hague [actual líder conservador] es raro, raro, raro".
Entre los logros de su gestión, Blair destacó que los laboristas han demostrado su capacidad para reducir la pobreza y manejar responsablemente la economía, un logro que, dijo, hará que en el futuro el pueblo "vote con la cabeza y el corazón".
"Si continuamos con esta política económica, conseguiremos poner más dinero en escuelas y hospitales", apuntó, no sin antes advertir que es imprescindible actuar con máxima celeridad y disciplina en un mundo dominado por la alta tecnología.
Pese a reconocer que no todos los planes se han cumplido, Blair expuso un extenso muestrario de proyectos sociales. Así, confirmó su intención de dar prioridad a la lucha contra las drogas y el crimen, y dijo que su Gobierno instituirá un archivo de DNA para identificar a delincuentes.
Solo en la cima J.C.G, Bournemouth Tony Blair debió tener en mente a aquellos críticos que le acusan de haber impuesto un arrogante y frío estilo Bonapartista a su gestión de primer ministro cuando aprovechó su discurso ante la convención laborista para dar una imagen desusadamente personal de su vida en la cúpula del Gobierno.
Acostumbrado a sonreír siempre, poseedor de un entusiasmo contagioso y siempre dispuesto a dar la mano, Blair se brindó a compartir algunos sentimientos íntimos. "Es un trabajo inmenso y solitario", dijo el primer ministro. "Si algo me pasara a mí, ustedes encontrarían un nuevo líder, pero mis hijos no encontrarían otro papá", declaró con tono solemne.
"Cuando me comprometo a poner fin a la pobreza infantil, no lo hago sólo como político, sino como padre", añadió con cierto tono de tristeza. "¿Puedo contarles algo?", prosiguió. "Y creo que sólo hay otras cuatro personas que lo saben", dijo refiriéndose a la baronesa Margaret Thatcher, sir Edward Heath, lord Callaghan y John Major, los únicos ex primeros ministros vivos: "Es un tanto raro ser primer ministro. Todos tienen opiniones sobre ti y no dudan en dártelas", aseguró. "Es un trabajo inmenso. Un trabajo solitario. Los papeles (del Gobierno) te llegan día y noche. Hay que leerlos, hay que tomar decisiones. Algunas veces de vida o muerte que sólo el primer ministro debe adoptar. Es una presión, pero también un privilegio", dijo, para concluir: "Pero la parte que más me importa es arremangarse y empujar los cambios a nuestro país que permitirán a otros el derecho de llegar hasta donde yo he llegado por buena suerte".
El País Digital (España), 29 de septiembre de 1999