Cuidado con una
reactivación inflacionaria
Alexander Guerrero
E.
La caída de los precios del petróleo durante 1998
estremeció las débiles bases de nuestra economía
rentista. Sus efectos, evidentes en las cuentas fiscales y
en la balanza de pagos representaron una fuerte caída del
ingreso fiscal, lo que unido a la contracción de la
producción por cierre de pozos y desinversión en el sector
petrolero, produjo en combinación con estruendosos ruidos
políticos una severa contracción económica, agudizada con
más impuestos, dado que los gobiernos antes que enfrentar
la caída de sus ingresos ajustando su gasto apelan a sus
ciudadanos con más impuestos y que para conjurar una crisis
fiscal.
El incremento de los impuestos lejos de beneficiar al
fisco como ingenuamente se piensa lo desmejora, ya que con más
impuestos se desestimula la producción y el consumo,
haciendo caer eventualmente la recaudación de impuestos, en
una especie de círculo vicioso causado por la contracción
económica por contraerse la base tributaria al eliminarse
personas jurídicas y naturales y estimular la elusión y
evasión fiscal. Los gobiernos y los congresos han actuado
con miopía crónica, dado que aprueban presupuestos
insinceros violatorios de las reglas fiscales práctica que
esperamos desaparezca con el presupuesto del 2000 dejando
fuera de la matriz de gastos de amortización de la deuda
interna y externa y otros pasivos ocultos de donde al no
producirse el milagro de ingresos extraordinarios
petroleros, la inflación impuesto inflacionario se encarga
del balance fiscal y 'financiar' el déficit. De hecho este
año se perdió una preciosa oportunidad de disminuir
considerablemente la inflación 'aprovechando' la colita de
la fuerte contracción económica.
Cuando los precios del petróleo se recuperan, como ha
ocurrido este año, los gobiernos se han gastado ese milagro
en un santiamén causando en fuertes presiones
inflacionarias por la expansión de la liquidez monetaria
que produce la expansión del gasto público, sin que la
economía pueda absorberlo. En el pasado los gobiernos
sucumbieron ante la presión para reactivar la economía,
siempre bajo el supuesto de que la expansión del gasto
induce crecimiento económico.
La volatilidad en los precios del petróleo, con todos
sus efectos perversos, se trató de resolver con el Fondo de
Estabilización Macroeconómica, el cual en la Habilitante
de Caldera era más un fondo sin fondo y con reglas fiscales
fofas. La reforma del FEM de este año afortunadamente
restablece dos reglas, una fiscal y otra monetaria, pero se
corre el riesgo de violentarse, dado que esa regla fiscal
descansa en la discrecionalidad presidencial, por lo que si
se cae en la tentación de expandir el gasto público para
en el 2000 en función de objetivos redistributivos, se
inflará la economía. Es una paradoja que limita la acción
de los gobiernos por la carencia de voluntad política para
abatir la inflación. De recurrir el fenómeno descrito al
ceder la presión por reactivar la economía, el resultado
será el mismo que hemos visto en años pasados y que para
muestra mencionamos los shocks petroleros 'positivos' e
inflacionarios de Pérez II en 1990/91 y Caldera II en
1996/97, con economías que en su oportunidad crecieron pero
al costo de mayor inflación.
Si la tentación de reactivar la economía basándose en
gasto público domina, habrá más empleo, pero con mayores
presiones inflacionarias, las cuales corroerán los salarios
reales provocando presión por incrementos salariales con
los efectos inflacionarios típicos de estas circunstancias.
Se presiona por reactivación económica y creación de
empleo sin contar que el crecimiento del gasto inducirá
presiones inflacionarias, con ganancias para unos, pero con
pérdidas para el resto, dado que hay sectores que extraen
beneficios de la inflación, por poseer capacidad financiera
y riqueza que con relativo éxito hacen un by-pass a la
inflación, dado que el ingreso real en estos sectores crece
a mayor velocidad que la inflación. A otros, trabajadores
formales e informales que no disponen de factores económicos
para el by pass antiinflacionario , se les deterioran sus
salarios reales con cuenta en la presión social y viviendo
de la ilusión de incrementos salariales, los cuales por
supuesto, tampoco se utilizan, dado que la inflación
anticipada se encarga de diluirlos. La tasa de crecimiento
económico debe superar en términos absolutos la inflación,
ya que sólo así es posible corregir la media verdad estadística
que dice que si la mitad de la gente come sólo yuca y la
otra mitad come sólo carne, todos en promedio comerían
parrilla
El Universal Digital, 26 de septiembre 1999