Ideas económicas
medievales
Maxim Ross
Recuerdo que cuando se produjo, hace algún tiempo, la
discusión sobre las reformas a la Ley del Trabajo, una de
las cosas hacia la que apuntábamos era intentar reducir su
tamaño, más de 600 artículos y, sobre todo, ese carácter
regulatorio y detallista, que le era tan característico.
Nuestro argumento, buscando modernizarla tanto como se
pudiera fue que se parecía demasiado a los antiguos
Estatutos de Oficios, típicos de las regulaciones
medievales sobre el trabajo. Recuerden ustedes que, en
aquella época, ese detalle incluía prohibiciones casi
absolutas para evitar la movilidad de la fuerza laboral,
tanto en términos geográficos como por áreas de
especialización. Traigo a colación este asunto porque de
nuevo, con el tema de la Constitución y con algunas
proposiciones gubernamentales, pareciera que estamos en la
misma, en especial en deuda con aquellos principios y
doctrinas que inauguraron la economía como ciencia. En
cierta forma, pareciera que estuviésemos trabajando antes
de que Smith y Ricardo fundaran la ciencia del bienestar.
Está bien que se ataque duro al 'neoliberalismo salvaje',
pero no tanto como para regresar antes de sus primeros
cimientos.
La búsqueda del equilibrio y el regulacionismo
Una manera, la de aquella época, de enfocar el
problema económico era a través de la idea de equilibrio,
pero no en el sentido que lo entendemos hoy día, sino en el
papel protagónico que debía jugar la frugalidad y el
ahorro en el comportamiento individual y, luego, social. La
mayoría de los sabios de ese período qe llamamos el
medioevo, en cuanto a lo económico, veían con desprecio,
la actitud dispendiosa y con agrado la conducta que
'equilibraba' ingresos y gastos y permitía el ahorro.
Cierto que conformaron una visión conservadora, no gastar,
pero fue la base que motivó la tesis de no gastar en el
extranjero y conservar el dinero dentro de las frontera. De
allí al mercantilismo no hubo sino un paso, en tanto que la
famosa tesis de venderle mucho a los demás y... no
comprarle nada, o muy poco nació de aquélla. Había
entonces que legislar sobre los flujos de comercio,
restringir la extravagancia, regular el comercio exterior,
agregar valor a las materias primas, no exportarlas sin más
trabajo propio y retener toda la ventaja que, en acumulación
de metales o de dinero, eso permitía. Se era rico o pobre,
según se acumulara y, para lograrlo, la solución era
frenar o prohibir las compras e impulsar las ventas.
Excelente, sólo que al final todos se empobrecerían por
falta de intercambio.
La ganancia, el dinero y la riqueza
Como bien es sabido, la cuestión más odiada de
aquellos días, y de siglos anteriores, por razones
religiosas, principalmente, era el apetito de ganancia, la
riqueza misma y, desde luego, su forma más perversa, la
usura, quiere decir tasas de interés demasiado caras para
artesanos, industriosos y pequeños comerciantes. Frases
como 'justo precio' se pusieron en boga. Por encima de algún
nivel, el interés y la usura eran lo mismo, a veces porque
el 'cambio extranjero', como decían, excedia al interno y
ese sobrante de dinero encarecía los bienes, es decir, era
inflacionario, o porque la escasez de dinero, en especial
porque 'no se ganaba' en la exportación, lo hacía caro.
Todo ello fue muy mal visto, al punto de concluir que el
dinero, la ganancia y la riqueza eran perversas. Todos
juntos.
Antes del mercado
Como se comprenderá, así se ha entendido hasta
nuestros días aquella visión del mundo que podía
considerarse pre-económica, en tanto que, por una parte,
tenía un elevado contenido ético o moral, pues la formación
de precios, el 'hard core' de la teoría económica obedecía
a todo, menos a una teoría del intercambio. Por la otra,
porque está la cuestión central del mercado, de su porqué
no estaba explicada, sino en términos de valores de uso que
se cambiaban, sin entender el concepto del valor de cambio.
Es sólo con Smith que éste comienza a explicarse a través
de la división del trabajo, de la especialización, las
ventajas absolutas en el comercio y el resto de todo ese
andamiaje que hizo las leyes del mercado y que permitieron
construir el edificio del capitalismo y conformaron una sólida
teoría económica del porqué las naciones y la gente eran
rica o pobre. Del valor de cambio, en lugar del sólo valor
de uso de los bienes, nacieron mejores explicaciones a los
flujos de dinero y del comercio y, luego, el porqué de las
tasas de interés, de la ganancia y la riqueza. Todas
explicaciones que llegaron para quedarse por mucho tiempo.
No trato con lo escrito de reivindicar ni a la 'mano
invisible', ni al 'laisez-faire', porque sé, también, que
han sido superadas, pero sí reivindicar que si queremos
construir una moderna economía en Venezuela no partamos tan
atrás, retomando las ideas económicas del medioevo
El Universal Digital, 26 de septiembre 1999