La política veraz y el sexo de los marcianos

Samuel Sotillo Hermoso

Me pregunto cuál es la insistencia de algunos en mantener la controversia
en torno al asunto de la información veraz. A poco mas de un año de
que culmine un milenio signado al final por una revolución tecnológica
en materia comunicacional que ha trastocado las formas como el ser
humano se interrelacionaba desde hace edos, es ya hasta insensato
insistir en esa bendita palabra. Es mucha la terquedad de los políticos
de querer darle a las palabras y a la información en general, una
tonalidad moral que corre a cuenta del emisor o del receptor, y sobre
la que el medio (las palabras escritas, las fotos o el video) no tiene
ingerencias. En realidad, no es difícil dilucidar la verdadera intención
del burócrata empedernido que quiere con el látigo de las regulaciones
y la censura evadir la responsabilidad de su natural estupidez.

Cabría preguntarse: ¿por qué ese burócrata en lugar de insistir en
atacar las libertades básicas del individuo (entre las cuales el acceso
a la información es de las primeras) no se autoimpone una censura
ejemplar y se obliga a sí mismo a practicar una "política veraz"?
Buena parte de los males de nuestros pueblos se los debemos a políticos
irresponsables y mentirosos confesos, que ofreciendo villas y castillos
no hacen otra cosa que seguir creando ranchos. ¿Por qué ellos no crean
una ley constitucional con la cual aquel que actúe en forma contraria
a lo que su boca afirme vaya preso? (Por supuesto, no es difícil adivinar
quién sería el primero.)

Más que información veraz lo que necesitamos es mucha mas libertad,
un mayor y mejor (sic) acceso de la gente común a las nuevas tecnologías
de información como la WWW y las que están por venir aún, de manera
de que sea cada quien el que decida qué creer o no. De igual modo,
en lugar de gastar dinero en censores y más burócratas, hay que generar
condiciones para que la gente se eduque más y mejor (sic), de forma
que cada quien se blinde contra esos ``medios'' irresponsables (que
los hay, por qué negarlo) que sólo consiguen mercado en medio de la
ignorancia y la insensatez que engendran muchos gobiernos.

La información no admite adjetivos morales, más allá de los que Ud.
como emisor o receptor quiera darles. Lo demás es caer en juegos lingüísticos entre lo connotativo y lo denotativo que sólo nos llevarán a bisantinismos absurdos. En definitiva, la decisión es suya y nadie puede adjudicarse su derecho en relación a qué aceptar como cierto o qué no. Si lo aceptamos, si cedemos un ápice ese derecho, entonces no pasará mucho tiempo para que todos terminemos como imbéciles espectadores ante una arena donde un grupito de tontos discute sobre el sexo de los marcianos (ya agotado el tema del de los ángeles), y esa será para todos la única información veraz "políticamente correcta".

ssotillo@uc.edu.ve