Legiones consumistas vs. legiones políticas

Simón Saba

A todos los interesados en verificar lo que aquí se dice pueden acercarse, digamos, una tarde entre el viernes y el domingo a ver como se dirigen "legiones" de consumistas (aunque la mayoría va solamente de paseo a ver las tiendas, o a "derrochar físico") desde la estación del metro de Chacao hasta el famoso Centro Sambil, a pesar de los obstáculos constituidos por unas aceras en muy mal estado.

La palabra "consumismo" (esperemos que nadie lea "comunismo") era muy usada durante la guerra fría por parte de la izquierda para defenderse de los "ataques" de que era objeto el sistema socialista, puesto que en los países detrás de la "cortina de hierro" la producción estaba masificada, dando como resultado que en sus tiendas se encontraran pocos productos, del mismo modelo, y sin alternativas, puesto que la economía no estaba destinada a satisfacer al mercado consumidor, sino a seguir las directrices de la planificación central.

Sus defensores decían que la oferta podía satisfacer las necesidades básicas, y que la variedad y abundancia que se encontraba en los países capitalistas era una vanidad y un lujo para satisfacer los "bajos instintos consumistas de esa corrupta sociedad". Con la caída del Muro de Berlín el término despectivo "consumista" casi desapareció del léxico cotidiano. [Por cierto, hay palabras que se ponen de moda y que con la misma rapidez con que surgieron, caen en desuso, como por ejemplo "reconcomio", "blandengue", y la calificación peyorativa a la inocua palabra "paquete", que casi todo el mundo quería evitar cambiándola por "bulto", o "empaque".]

Hoy día, ya alejados de las confrontaciones ideológicas (aunque muchos ex-izquierdistas que se habían vuelto tan capitalistas que los derechistas tradicionales lucían comunistas, ahora han tomado nuevos aires y se han devuelto al marxismo que prácticamente pasaron al otro extremo, haciendo parecer a quienes nunca dejaron de ser socialistas como de auténtica derecha) no pudimos encontrar una palabra que calificara mejor a las masas que instintivamente se mueven hacia el Centro Sambil, sin que nadie los convoque previamente.

El Sambil no es el único sitio de Caracas o de Venezuela donde uno puede encontrar miles de personas al mismo tiempo, porque también en donde se monte un mercadito acude la gente en forma masiva, sin otro interés que el muy despreciado mercado y la economía, o sea, las necesidades básicas de todo ser humano.

Economía y política

En los últimos lustros se perciben en el ambiente político y social del país grandes desprecios, resentimientos y odio hacia los economistas y la economía, más por incomprensión que por racionalidad. Por ejemplo, se le echaba la culpa a los economistas de los desastres económicos del gobierno de Rafael Caldera, quien no solamente no ocultaba su ignorancia y su desinterés en materia económica, sino que también sus principales funcionarios del área eran ingenieros, como Julio Sosa Rodríguez (QEPD), Erwin Arrieta, Luis Giusti y Luis Raúl Matos Azócar, aunque la culpa la tuvimos que cargar nosotros los economistas. Hay otros que sólo ponen su atención en lo político y en los odios e intereses sectarios, poniendo lo económico y al mercado en un segundo o tercer plano.

Sin embargo, puedo asegurarle que a las 4:30 p.m. de cualquier día sábado podemos encontrar en el Centro Sambil más personas que en la mayoría de los eventos políticos que se organizan hasta con semanas de antelación. Incluso, --disculpen la exageración--, si las personas que aún se acercan a Copei fueran los consumidores de una tienda pequeña, ésta tendría que declarar la bancarrota, y si los militantes de URD fueran los únicos clientes que tuviera una vendedora de cosméticos y prenda íntima de las que se consiguen en cualquier oficina, ésta debería abandonar su negocito.

Por lo tanto, no dudamos en recomendarle a quienes tienen algún rango político, del gobierno o de la oposición, que le dediquen más tiempo a la economía, y que no nos veamos obligados a utilizar la frase que ayudó a Bill Clinton a ganar las elecciones de 1992: "¡Es la economía, estúpido!". A la Unión Soviética la derrotaron tanto el descuido del consumismo como el exceso de atención en la Guerra de Afganistán, los misiles nucleares, los modernísimos armamentos y el programa espacial. Ocuparse de la economía es ocuparse de las necesidades de las personas y del país.

Economista.
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