Julia Márquez
Yo no sé por qué cada vez que escucho Las Nocturnas
de Frederick Chopin, siento una
especie de Deja –vu, algo así como si yo ya hubiera
escuchado esa música. Esa fue una fantasía que tuve la
primera vez que escuché a Artur Rubistein (uno de los
mejores interprete de Chopin) en la mágica ciudad de New
Orleans, cuando visitaba a mi hermana María Luisa. Han
pasado cinco años y todavía cada vez que escucho esas
hermosas piezas románticas siento una emoción muy
particular. Un tiempo después casualmente me enteré que el
compositor favorito de mi bisabuela rusa que vivía con
nosotros era Chopin. Ella vivió con nosotros hasta que
falleció, cuando yo era muy niña. Todavía tengo recuerdos
nubladas por el tiempo, de un pequeño cuarto, con fotos
viejas y olor a añejo. Imágenes de Bau, mi bisabuela
sentada frente a un piano, todas las tardes hacía lo mismo
y yo, entre juegos y meriendas, me asomaba atraída por la
música y la curiosidad. Esta sólo una anécdota personal
sobre Chopin, de quien ama y respeta su obra.
Frederick Chopin es uno de los más importantes representantes del romanticismo que a los 150 años de su muerte sigue despertando admirados en el mundo entero y entre los que me incluyo. Para celebrar esta fecha en el II Congreso Internacional de Musicólogos especialistas en la obra de Frederic Chopin, que se celebrará en Varsovia entre el 10 y el 17 de octubre próximo, harán un balance de la influencia cultural de Chopin y, al mismo tiempo, se presentarán métodos distintos de interpretación de ese autor.
En esta semana, los participantes también expondrán sus análisis sobre las particularidades de las nocturnas, las mazurcas, los preludios, la relación entre las obras y tiempo histórico en que vivió Chopin, así como su conciencia histórica y musical. Además, en esta ocasión los participantes disfrutarán de la actuación de tres reconocidos interprétes como son: Satnislaw Bunin, Murray Perrahia y Dan Tai Song.
Chopin es uno de los músicos más importantes del siglo pasado. Y como a todos los grandes las barreras del tiempo parece habérseles diluido para permanecer imperecedero a través de los años y marcar, de distintas maneras, huellas en quienes lo conocen sus obras.