MOSCÚ ha convertido en una intervención militar en toda regla lo que comenzó hace diez días como una represalia o una operación de “limpieza” contra Chechenia, república cuya independencia de hecho nunca ha sido admitida por el Kremlin. Las autoridades rusas sostienen que desde Chechenia reciben ayuda los rebeldes de Daguestán -otra república de mayoría musulmana-, a quienes se atribuye la ola de terrorismo que a comienzos de septiembre mató a más de 300 personas en Moscú y otras ciudades rusas. Es la segunda vez en cinco años que Rusia se embarca en un conflicto abierto contra la más díscola de las repúblicas caucásicas. La nueva escalada bélica muestra que Rusia tiene un talón de Aquiles en aquella región de la frontera sur, y que trata de neutralizarlo a la fuerza en unos momentos políticos delicados.
La primera guerra de Chechenia (1994-1996) fue un fiasco para Moscú. Representó en la práctica la independencia de la república rebelde, no reconocida por el Kremlin aunque firmó con los separatistas un acuerdo de paz por el que ambas partes renunciaban para siempre a la violencia. Pero después de sofocarse aquel incendio prendió otro en la vecina república de Daguestán, donde los rusos aplastaron una revuelta atribuida al contagio checheno. No se apagaron, sin embargo, los rescoldos. Irrumpió un terrorismo inédito en Rusia. Y la ofensiva militar contra Chechenia -a la que se considera origen de estos males- cuenta, por lo tanto, esta vez, con un mayor respaldo popular.
¿Qué puede pasar? Hay cambios en el escenario bélico. Por una parte, los rebeldes dicen estar mejor preparados para la lucha que en 1994. Y, por otra, los rusos aplican ahora métodos que recuerdan a los de la OTAN en Serbia: ataques selectivos (infraestructuras energéticas y de comunicación) y una política informativa para reforzar el respaldo de los ciudadanos rusos. Sin embargo, las bajas y los éxodos masivos pueden hacer muy impopular esta operación. Se trata, sin embargo, de un reto importante para los gobernantes rusos cuando aparecen en el horizonte político dos trascendentales convocatorias electorales: las legislativas de diciembre y las presidenciales del 2000. En estas condiciones el reto checheno es para Rusia una dura prueba.
La Vanguardia (España), 6 de octubre de 1999