El líder bávaro y posible sucesor de Schröder reta a los populares a gobernar con Haider

Ramiro Villapadierna

El líder bávaro y posible sucesor de Schröder reta a los populares a gobernar con HaiderVIENA.- El resultado de las elecciones al Parlamento federal anuncian el fin de una era en Austria y el comienzo de un período confuso de gobierno en que todo podría suceder. Incluído el que no pasara nada, si es que el presidente, o el restante voto por correo finalmente así lo quieren. El vecino presidente bávaro proponía ayer a los populares que aceptaran gobernar con Jörg Haider.

Un exultante Jörg Haider celebra la victoria en un restaurante de Viena. Ap

De nuevo un fin de siglo borroso en Austria. Alrededor de 14.347 votos tenían ayer expectante a la pequeña república alpina, tan poco acostumbrada al imprevisto político, toda vez que se palpa el fin de una vieja etapa bipartidista de más de medio siglo, pero no se vislumbra el comienzo de otra, cualquiera que fuese.

El presidente del Estado libre de Baviera, y posible candidato de la CSU a la cancillería, proponía ayer sin ambages a sus correligionarios de la ÖVP en Austria que renunciaran a la vieja coalición con los socialistas y aceptaran un Gobierno con los radicales de Haider.

Edmund Stoiber, primer dirigente extranjero que se ha pronunciado abiertamente por dejar que los nacionalistas formen Gobierno, opinó que «no es buena una coalición durante tanto tiempo» con el SPÖ y «dada la mínima derrota, el ÖVP tiene ahora la oportunidad de trabajar con el FPÖ». El comentario a la radio bávara causó inmediata reacción de repulsa en medios de la izquierda alemana. El propio Haider estaría encantado con la propuesta de Stoiber, pues lleva largo tiempo intentando lavar su imagen política para ser aceptado como socio por alguno de los grandes partidos.

El partido Socialdemócrata (SPÖ) sufría el domingo la mayor derrota de su historia, aunque sigue como primero con un 33,4 por ciento, mientras la extrema derecha de Haider (FPÖ) superaba por décimas al partido Popular (ÖVP) como segundo, con su mejor resultado desde siempre (27,2 por ciento). El nuevo panorama presenta tres partidos de proporciones parlamentarias similares e incapaces de gobernar en solitario e incluso, difícilmente, acompañados. Quiere la política austríaca que el ganador (SPÖ) haya sido el gran derrotado; el segundo (FPÖ), el gran triunfador; y los terceros (ÖVP) que amenazaban ruina, hayan emergido como la pieza clave en cualquier combinación posible. Aunque puede que ninguna lo sea.

El SPÖ quiere volver a la coalición con el ÖVP, pero éste dijo que pasará a la oposición si queda tercero, dejando al SPÖ en minoría impracticable. El FPÖ sería la siguiente opción, pero nadie quiere gobernar con él. Quedan 200.000 votos por correo por adjudicar y al ÖVP sólo le faltan 14.347 para recuperar la segunda posición. Esto sólo se sabrá dentro de varios días por lo que la ronda de conversaciones iniciada ya ayer por el presidente Klestil no parece que vaya a conducir a nada hasta que se sepa. Según la Constitución, corresponde a éste nombrar candidatos a formar Gobierno, al margen de la posición de éstos en los partidos.

El canciller Klima no dimitirá, pese a haberlo anunciado «si el SPO sale tan debilitado que yo no pueda formar Gobierno». Ayer dijo querer reanudar la gran coalición con el ÖVP pero «no a cualquier precio», esto es, «no en el caso de que el ÖVP pusiese como condición el ingreso en la OTAN», a la que la tradición del SPÖ es alérgica. Es posible que si, por unos miles de votos, el ÖVP pasa finalmente a la oposición, el SPÖ intentará hacerlo culpable de la ingobernabilidad del país.

Los comentaristas coincidían ayer en que el resultado electoral refleja la insatisfacción de los ciudadanos con los viejos partidos y un profundo deseo de cambio, más que un resurgir neo-nazi .

ABC (España), 5 de octubre de 1999