Status de Jerusalén pone a Disney en incómoda situación

El ratón Mickey y el pato Donald, nuevos protagonistas del conflicto en Oriente Medio

JANA BERIS

Jerusalén.- Mickey Mouse, como canciller indiscutido del imperio Walt Disney, se ha convertido sin quererlo en el nuevo protagonista de la vehemente y vieja disputa entre árabes e israelíes por Jerusalén. Y aunque la historia parece de caricatura, tiene los ánimos muy caldeados en Oriente Medio.

Todo comenzó con la presunta intención israelí de hacer colocar a la Ciudad Santa como su "capital eterna" en una exhibición especial de Disney con motivo del cambio de milenio y que fue inaugurada el viernes en Epcot Center (Orlando, Florida).

De inmediato la Liga Árabe se movilizó para impedir lo que consideró una violación a las resoluciones internacionales sobre Jerusalén, llegando al extremo de amenazar a Disney con boicotear sus productos en todo el mundo árabe en caso de que la ciudad fuera presentada como la capital de Israel.

Según los cancilleres árabes, Israel no puede presentar a Jerusalén como su capital no sólo porque la mayoría de la comunidad internacional no la ha reconocido como tal, sino porque el tema es uno de los puntos más delicados de las negociaciones para un acuerdo de paz definitivo con los palestinos, que también reclaman a Jerusalén como su capital histórica.

Disney aclaró que no interfiere en temas de cariz político y dijo no aceptar presiones, pero posteriormente fuentes de la Liga Árabe afirmaron que los directivos de Disney les habían prometido que Jerusalén no aparecería en el pabellón israelí como capital del Estado hebreo.

Tras la inauguración de la exhibición especial del milenio, las opiniones de quienes vieron la película sobre Jerusalén no fueron unánimes. Ya que si bien no se hace referencia explícita a Jerusalén como capital de Israel, "ello queda claro, evidente", según uno de los testigos.

Entre los árabes que visitaron el pabellón israelí hubo quienes dijeron que la presentación del tema es "ecuánime", pero otros protestaron porque en la película no se hace mención de los palestinos y sus derechos sobre la ciudad.

Lo cierto es que la polémica continúa pues activistas de organizaciones judías estadounidenses criticaron que Jerusalén no haya sido presentada "como lo que es, la capital de Israel", mientras que ayer en Naplusa (Cisjordania palestina), unos 800 jóvenes del islamista Hamas suspendieron sus clases en la universidad Al-Najah para quemar una réplica del templo judío bíblico adornado con una calcomanía de Walt Disney.

"Rechazamos la actitud de Walt Disney de describir a Jerusalén como la capital de Israel, y condenamos el silencio árabe en torno a la judaización de la Jerusalén ocupada", dijo a Reuters Mohammed Sukkar, uno de los jóvenes que lideró la protesta.

En la franja de Gaza, varias decenas de niños palestinos se manifestaron en días pasados contra Disney quemando muñecos en los que habían escrito el nombre de la compañía estadounidense y prometieron "no ver más películas de Disney".

Lo único claro pues, es que ni siquiera el ratón Mickey se salva de las complejas luchas entre árabes e israelíes.

El Tiempo (Colombia), 5 de octubre de 1999