Grass gana el Nobel por su forma de dibujar el rostro olvidado de la historia

El escritor, de 71 años, dedica el galardón a Heinrich Böll y ataca a la derecha y a la industria

PILAR BONET / RICARDO MORENO

Günter Grass es felicitado ayer por su vecino Kurt Thater en Lübeck (Reuters). Berlín.- Estocolmo Günter Grass, novelista, poeta, dramaturgo e incansable agitador solitario de la conciencia dormida de su país, considerado el más alemán de los escritores de la Alemania viva, fue galardonado ayer con el Premio Nobel de Literatura. Los académicos suecos destacaron que su poderosa escritura desvela el rostro olvidado de la historia. Le perturban a Grass, colaborador habitual de EL PAÍS, las huellas que Alemania dejó a lo largo de este siglo y escarba con tesón bajo ellas, para sacar sus raíces a flote y dar forma, con la materia del pasado capturado por su enérgica prosa, a una apasionada reconstrucción de los rasgos de la identidad de su país. Su último libro, Mi siglo (Alfaguara), estará en las librerías españolas el próximo día 13.

Alemania dejó ayer de lado las polémicas y críticas que tan a menudo provoca Günter Grass. Todos festejaron el Premio Nobel de Literatura para el autor de El tambor de hojalata. Fiel a sí mismo en las formas y en los contenidos, Grass ni siquiera canceló una cita con el dentista, reaccionó con modestia y no se dejó arrastrar por la euforia ambiental. En su primera conferencia de prensa, en su despacho de Lübeck, cerca de Hamburgo, reiteró sus ideas sobre la responsabilidad política del escritor y la responsabilidad específica de los alemanes para que la historia no vuelva a repetirse.

El Nobel fue anunciado en la sede de la Academia Sueca por el nuevo secretario permanente de dicha institución, Horace Engdahl, que señaló que el premio era para un autor que "con vivas fábulas negras ha dibujado el rostro oculto de la historia". La Academia Sueca destacó que, cuando Günter Grass publicó su primera novela, "fue como si la literatura alemana se beneficiara de un renacimiento, luego de decenios de destrucción idiomática y moral".

Grass, cuya última obra ilustrada por sus propios dibujos lleva por título Mi siglo, se alegró en su primera intervención pública de ser el último premio Nobel de este siglo y de haber recibido el galardón ahora que tiene 71 años: "Hoy sé cómo aceptarlo con alegría y tranquilidad", dijo el autor, que se sintió "honrado" por la distinción.

El autor interpretó el premio como un reconocimiento a una tradición literaria de compromiso político y cívico, y entonces se acordó de sus maestros. Grass afirmó: "Seguramente Heinrich Böll hubiera estado contento con esta elección, porque siempre intenté seguir su tradición". Böll (1917-1985) fue el último escritor alemán, hasta ayer, galardonado con un Premio Nobel (en 1972). Con Grass, ya son 11 los escritores en lengua alemana galardonados con el Nobel.

Además de una tarea literaria, el escritor tiene el deber ciudadano de mezclarse en política, dijo Grass. "Espero que los jóvenes autores sigan haciéndolo en el futuro". Señaló también que siempre le había atraído "escribir dando la cara al presente", y que ve el próximo siglo con "curiosidad y preocupación". "El peligro atómico está descontrolado y la legislación va a la zaga de los desarrollos técnicos como la ingeniería genética".

El escritor dijo que siempre había procurado ver la historia desde abajo, y escribir desde la perspectiva de los que son víctimas y perseguidos. Luego anunció que destinará una parte importante de los 960.000 dólares (unos 150 millones de pesetas) del premio a las asociaciones de cíngaros y gitanos, y mostró su preocupación por la situación de la comunidad gitana de Kosovo. Los alemanes deben seguir enfrentándose con su historia, añadió. "La historia nos persigue hasta hoy y hay que asumirla". El escritor, muy ligado al canciller Willy Brandt en los años sesenta y setenta, abandonó el SPD en 1992 en señal de protesta por la política de asilo de este partido. A pesar de que ha mantenido una relación crítica con la socialdemocracia, en las elecciones generales de 1998 hizo campaña por su cuenta a favor de la coalición rojiverde. Grass apoyó la intervención militar de la OTAN en Kosovo y ha elogiado a los ministros de Defensa, Rudolf Scharping, y al de Exteriores, Joschka Fischer, por su actuación en el conflicto.

Grass, que es muy sensible a los problemas de los intelectuales de la ex República Democrática Alemana, reconoció que no se han realizado sus esperanzas de que los nuevos länder dieran un empuje a la literatura en Alemania. La arrogancia de los alemanes occidentales, señaló, ha hecho que muchos hayan enmudecido, aunque opinó también que la literatura se puede desarrollar a partir de estas rupturas y heridas.

Palabras de combate

Günter Grass demostró ayer que el Premio Nobel no le ha quitado el espíritu combativo. En su primera conferencia de prensa, después de las buenas palabras de agradecimiento, arremetió contra la energía atómica, contra el ex canciller Helmut Kohl y contra la industria alemana. "¿Quién puede negar que el medio ambiente está destruido?", se preguntó el escritor, quien manifestó su esperanza de que las centrales atómicas sean desconectadas "de una vez por todas". Grass continuó afirmando que los años de Gobierno de Helmut Kohl han dejado un lastre de deudas de 10.000 millones de marcos (unos 800.000 millones de pesetas). Grass, sin embargo, echó un capote al actual Ejecutivo rojiverde y a sus controvertidos planes de austeridad cuando dijo: "Es muy difícil para el actual Gobierno sobre todo cuando todos dicen que está bien ahorrar pero, por favor, no conmigo".

El nuevo premio Nobel aprovechó la ocasión para mencionar otro tema espinoso: el de las compensaciones pendientes a los antiguos trabajadores forzados del III Reich, condenando las reticencias a pagar de la industria alemana, "que sabe muy bien" lo mucho que le debe a esas personas.

El País Digital, 01 de octubre de 1999