Confusión y caos

Oscar García Mendoza

Cuando vemos la situación de confusión, de idas y venidas, de retrocesos ante la más mínima protesta, de regreso al pasado concertando acuerdos, de contradictorias e incoherentes decisiones de las más altas autoridades judiciales, no podemos menos que pensar que estas distorsiones, de gran importancia, tendrán enormes y gravísimos efectos en el futuro.

El gobierno ya tiene casi 9 meses administrando la nación. Bajo la premisa de que trata primero de resolver los problemas políticos nos está llevando por un camino de mala administración, donde no puede determinarse a ciencia cierta si la falta de gasto público se debe a 1.- la convicción filosófica de reducir el déficit fiscal, o 2.- que se retienen los fondos para que los gobernadores y alcaldes no puedan utilizarlos y por ende se les impida beneficiarse en las próximas campañas electorales o 3.- porque no tiene el gobierno, aunque parezca absurdo, la capacidad técnica para hacerlo. Ojalá la razón sea la primera, aunque muy fácilmente puede ser la última. Pero el presupuesto para el año 2000, muy expansionario, hace pensar que tampoco es la primera.

La recesión de los últimos años se viene pronunciando y acelerando. El petróleo en algo contribuirá, no para mejorar la situación, sino para postergar el caos.

Deben tomarse acciones rápidamente. Debe el gobierno comprender que por este camino vamos al desastre. Se deben convocar a las personas más calificadas y competentes para encargarlas de redactar un plan coherente y lo que es muchisimo más importante, implementarlo. Estamos ante una coyuntura gravisima. El deterioro es cada vez mayor y aunque las naciones no desaparecen sus pueblos sufren y se deterioran, resultando luego más compleja y dilatada su recuperación.

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