El Estado no es el pueblo
Samuel Sotillo Hermoso
Tomo la frase con que titulo este artículo del documento presentado por Visión Emergente a la ANC hace un par de semanas. La propuesta de VE se refiere a la democratización del petróleo, una propuesta que expertos como Quirós Corradi, Monaldi, José Luis Cordeiro y otros no menos ilustres han venido haciendo desde hace algún tiempo, y a la que yo poco puedo añadir. Sin embargo, la frase se me antoja de una trascendencia tremenda. Ella resume un malentendido que los venezolanos (al igual que el resto de los Latinoamericanos) hemos venido arrastrando desde hace ya mucho. Un malentendido monstruoso, horroroso, imperdonable. Un malentendido del que una larga lista de bribones y sátrapas se han aprovechado para enriquecerse, para endiosarse, para convertirse en esos amos del valle que bien supo caricaturizar Herrera Luque hace algunos años.
Es cierto, compadre! Sí, doñita! Así es, m'hijo! El Estado venezolano y el pueblo venezolano son dos cosas total y absolutamente diferentes (gracias a Dios!). Lo que es del Estado es del Estado, y lo que es del pueblo, es del Estado también. Pobres ilusos hemos sido al creernos que el recíproco era cierto. Si no, calcule; tome todo el dinero que ha ingresado en las arcas insaciables de ese ogro filantrópico y páselo por el tamiz objetivo de lo que de ese dinero ha retornado al pueblo; reste, divida, integre si quiere. La verdad es que al final descubrirá como nos han timado, como de cifras impronunciables usted sólo ha recibido limosnas raquíticas. El resto, todo todito (como dice mi hijo de dos años), ha ido a parar a Miami, a Puerto La Cruz o a tanta Orchila privada que los políticos de este país, los verdaderos dueños de todo, han regado por el mundo. Recuerde: pónganme donde hay, ese es su lema.
Poco es lo que nos queda, y mucho. Poco porque lo debemos (casi) todo; mucho porque tanta rapacidad ha encontrado limitaciones físicas. Por suerte, los políticos no son como los osos hormigueros, que con su trompa pueden aspirar todo un hormiguero en minutos. Nuestro petróleo es, por fortuna, muy pesado para que sus trompas se lo traguen de un sólo sorbo. Pero no duden, no los subestimen, porque si les damos suficiente tiempo, lo harán.
Mientras sigamos creyendo en pajaritas preñadas, en ese palabrerío bonito con que se adornan nuestras constituciones, esos libritos de chistes donde hasta el derecho a no tener derecho se consagra; mientras sigamos creyendo ese malabarismo chino del pueblo, para el pueblo, por el pueblo y con el pueblo; mientras sigamos adorando sus divinas presencias y extrañando sus inexplicables ausencias; mientras insistamos en esa herencia infausta transmitida de padre a hijo, de abuelo a padre y de bisabuelo a abuelo, esa ilusión surealista, difusa, inasible e incómoda; mientras nos sigamos creyendo Estado, entonces seguiremos siendo tontos, bolsas, pendejos y pobres.
No. Estado no es lo mismo que pueblo. Estado es sinónimo de orden algunas veces, y de pobreza, miseria y corrupción, las demás.